martes 20 de septiembre de 2011

AGENDA

Va a empezar nuevamente el curso. Necesito una agenda. Porque yo uso agenda, de papel; normalmente una agenda escolar que, absurdamente, va de Septiembre a Junio, con lo que durante un par de meses necesito de los papelitos para ponerle muletas a mi torpe memoria.

Veo los restos de la antigua, que utilizo para anotar puntuaciones en partidas de cartas y hacer listas de la compra. La tomo entre mis manos, le quedan menos de la mitad de las hojas. Recuerdo que, a finales del último diciembre la extravié durante más de un mes, tiempo en el que tuve que recurrir a los inevitables y esquivos papelitos.

La encontré bajo una pila de libros. El último mes escrito, claro, era diciembre. Algunas notas que escribí entonces no las entiendo: mi letra es de tópico médico, pero reconozco listas de personas a las que, según indicaba imperativamente la agenda, debía ver o llamar. El día 17 de diciembre apunté: Corregir / Lámpara / Biblioteca / Afeitar / Uñas. Lo de afeitar no sé por qué lo apunté, lo hago a diario; lo de las uñas… debía llevarlas como garras, porque no creo que me refiriese a una manicura. El mismo 17 hay una relación de hoteles de de una ciudad italiana a los que nunca fui, y el precio del autobús desde el aeropuerto, 4,5 €, cada 20 minutos; taxis 15-20 €. Día 18 muchos recordatorios de tareas profesionales. Lo mismo el día 20 y también el 21. El 22 una lista de ciudades italianas distintas a la anterior. El 23, precios de hoteles y una hora junto al nombre de una mujer. 24: indicación de que debo felicitar a tres personas, trabajo pendiente. 25: más precios de hoteles, no sé de dónde y ya no quiero averiguarlo. 27: Persiana o cortina LM, y dos nombres. Supongo que llamé o escribí a todos. 31: Movistar, 15 días, y un número larguísimo que no tiene sentido en este momento. En enero no hay nada escrito hasta el día 10: difficile da ragiungiere, expresión italiana que me regalo una amiga y que derivó en un poema y en un post.
El día 11 varias tareas profesionales. El 15: Movistar (ver 31.XI); pero Noviembre tiene 30 días, debe ser Diciembre y referirse a ese número estrambótico. El 19, el nombre de una asociación ligada a la vida lenta, nada más, ¿qué tenía que hacer allí?

No soy dado a revisar el pasado, mucho menos el reciente, pero me doy cuenta ahora de que muchas cosas importantes no las anoté y las olvidé. Otras, ni siquiera recuerdo haberlas hecho, ni haber quedado con esa gente.

Supongo que os llamé, perdonadme si no lo hice, y aprovecho para felicitaros las Navidades, las Fallas, el Ramadán, el solsticio de verano y casi hasta Halloween.

Lo que ocurrió después, ya sometida mi vida al corsé de la agenda es otra historia. Y de muy escaso interés, para los que leen esto y también para mí. No será otro día.

7 COMENTARIOS. ESCRIBE EL TUYO:

  1. Los que estamos en el mundo de la enseñanza contamos los años por cursos y desterramos las agendas durante las vacaciones, por eso las perdemos. Es curioso ver lo que podemos anotar en ellas y lo irreconocible que puede ser nuestra propia letra: supongo que debido al estrés...

    Es otoño. Toca pasar hojas y volver a usarlas.

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  2. Sí, es algo que no todo el mundo entiende. Nosotros contamos a partir de septiembre.

    Al poco tiempo de anotar, nuestra vida se convierte en eco, en posibilidad, en banalidad. Siempre toca pasar página, pasar páginas.

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  3. Es cierto. Cuando me refiero al año pasado, me estoy refierriendo al curso pasado. en realidad no hace tanto; sólo tres meses, y ya es el año pasado. Joer, ¡ Con que rapidez pasan los años!. jajja. Sí, es verdad yo estaba desesperada porque no tenía agenda y, al final me he encontrado con dos: una que compré yo y otra que nos regalaron los de la editorial. Ahora ¿qué hago con la primera? Atticus, si la quieres, te la regalo.
    Saludos

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  4. yo uso dietarios por año y, al principio, lo anoto todo; conforma avanza el año, en sus páginas se enseñorea el silencio, el vacío, el frío kelvin

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  5. Crisc dijo:
    conforma avanza el año, en sus páginas se enseñorea el silencio...

    Así es, a veces dejamos que se manifieste...

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  6. En primer lugar, perdonad todos por mis dias de ausencia. Estoy (aun) en Escocia. Pero vuelvo ya.

    No necesito agenda, Rachel, gracias de todos modos. Lo que dice CrisC me da miedo, el frio Kelvin. Y me despido, que me llaman a cenar. Seguire. Perdon por los no-acentos, que el teclado es raro.

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  7. Ya he vuelto. Y he cenado a las 22,30, como Dios manda. Lo demás... podría acostumbrarme. Eso sí, en mi ordenador sé dónde están los acentos.

    Estoy repasando lo que decía CrisC y Anónimo (¡ese nick!). El silencio se enseñorea a veces; otras, somos nosotros los que abrimos la puerta, los que mostramos las páginas vacías para que las convierta en barbecho. Y se aplica con vehemencia a la política de tierra quemada. Las páginas de la agenda, entonces, sólo admiten citas prescindibles y recordatorios laborables; o sea, la más absoluta y repugnante nada. Ese silencio que se enseñorea, si.

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