Es un mal bicho. Un virus peligroso.
El aversi es una
excusa mal disimulada, una manera de decir adiós a la francesa. Es un modo de bienquedar sin quedar bien. O al revés.
Es, de cuando en cuando, una buena intención, nada más. Nunca
una voluntad obstinada, voluntad activa, un hacer. Más bien es suave
marea, un dejarse ir, una incapacidad bien entrenada, una puerta más cerrada
que abierta, aunque digamos en susurros o a gritos eso de a ver si nos vemos y
tomamos algo y hablamos, y me alegro de verte, y a ver si coincidimos más.
El aversi es
tóxico. Infectocontagioso. Mendaz. Hay quien cree que su zalamera presencia es veraz
y genuina. Pobre alma cándida. A ver si espabila.
A ver si leo un poco más tu blog. A ver si hago un comentario.
A ver si nos llamamos y tomamos un café o una cerveza, y me
cuentas y eso.
A ver si quedamos la gente de entonces. A ver si.
A ver si ¿cuándo?
Porque, si es que no quieres, entonces no pronuncies el
nombre del aversi en vano. Que soy de
esos ingenuos, de esos imbéciles. De los que se lo creen, de los que esperan a
ver si suena el teléfono. A ver si es esta semana cuando vas a tener un rato y
eso y quedamos, y hablamos.
A ver si.