jueves, 11 de abril de 2019

FUEGOS ARTIFICIALES



Ayer tuve claustro. Nuestro equipo directivo nos contó maravillas. Tantas que tenía la sensación de haberme equivocado de centro de trabajo. Y no es que no se hagan todas las actividades que allí describieron con entusiasmo, no, es que la tarea de un centro educativo es otra. Yo a esto lo llamo “fuegos artificiales”.

Acabo de ver a mi consejero haciendo lo mismo por televisión. Habla de una comunidad que seguramente es la mía, de un plan de formación de profesorado que no coincide exactamente con el que conozco y de un instituto (está de gira) del que habla como si estuviera allí día y noche; por supuesto, con despliegue de adjetivos halagadores. Dice, entre otras cosas, que todo el profesorado de ese centro está implicado en proyectos en valores, incluso en su tiempo libre… Uf, apago la tele.

Pero en la radio siguen con la misma murga. Según quién, vivimos en Mordor o en el País de las Maravillas. Por supuesto, las propuestas en educación (muy hábilmente escondidas, todo hay que decirlo) se caracterizan por su irrealidad distópica, por su interés mercantilista mal disimulado y por el postureo ignorante de quienes las perpetran.

Soy pesimista. En mi trabajo, en mi país. Y me gustaría que no fuera así. Tengo la sensación de que no nos queda más que la resistencia moral. 

Y en esto va y llega la Semana Santa y la campaña electoral, todo a la vez. Penitencias.



miércoles, 27 de marzo de 2019

EL CINE Y YO



Uno piensa que no tiene manías y ritos. Pero entonces medita más despacio y ve que se equivoca.

Esta noche ponen en televisión Cinema Paradiso. Estoy dando vueltas a la cantidad de películas que he visto en mi vida y todos los recuerdos que tengo asociados a ellas.

Voy desde muy pequeño. Muy cerca de mi casa había un cine y casi todos los domingos veía una sesión doble. Muchas veces solo. Un niño solo en el cine. Pues sí. La primera vez que vi una película que no me gustó fue del oeste; sigo sin tenerle querencia al género, será un trauma de infancia.

De adolescente intenté entrar en alguna de mayores (destape y eso). No me dejaron. Recuerdo una, Solo ante el streaking, lamentable aunque saliese Alfredo Landa. Y recuerdo también con desasosiego La corea. Recuerdo que perdí la cazadora en el cine y me cayó una buena en casa.

Ya de joven no tan joven comencé a aficionarme a un cine mejor. Me trasladé a una gran ciudad y mi educación cinematográfica subió enteros. Comencé a alejarme de mis amigos de entonces, cuyos gustos no eran los míos. No logré convencerles para ver En busca del fuego, de modo que fui a verla solo. Supongo que el raro era yo y poco a poco dejamos de frecuentarnos.

Pronto llegaron las sesiones subtituladas de raras cinematografías en unas minisalas en las que estaba prohibida la comida y la bebida. Me parecía lo normal. Yo nunca he comido ni bebido en el cine (salvo agua). Vi muchas películas allí.

Después me emparejé. La llevé a esas salas y a otras. Me miraba con cara de desconcierto. Ella me llevó a ver pastelitos insoportables, era un acuerdo razonable. Acabé yendo solo otra vez. Debí entender lo que significaba eso.

Ahora voy alguna vez solo. Otras me acompaña una pobre incauta a la que engaño. Dice que, de vez en cuando, le gustan las películas a las que vamos. Eso sí, me resisto a ver Capitana Marvel. Tendré que capitular, supongo.

En todo caso, sin comer ni beber, últimas filas, móvil apagado y entrega absoluta a lo que sucede en la pantalla. Si tiene subtítulos, mejor.

Por cierto, y recuperando el inicio, ved Cinema Paradiso. Es algo moña y está rodada para gustar a todos. Pero tiene un final maravilloso. Si no os gusta -al menos esa secuencia final-, abandonad este blog para siempre y marchad al cine del centro comercial más próximo con palomitas y un refresco de cola de litro. No sois de los míos.


Procedencia de las imágenes:
https://madrid.lecool.com/event/fiesta-del-cine-2018/
https://www.mexicoescultura.com/actividad/211108/cinema-paradiso.html

sábado, 16 de marzo de 2019

LECTURA DE MARCO AURELIO


Hace año y medio que empecé un libro de pensamientos de Marco Aurelio: Pensamientos para mí mismo. Fue un regalo, un bello ejemplar editado por Errata Naturae: buen papel, tapas duras, diseño atractivo, estupenda traducción, alguna ilustración… Y, sobre todo, Marco Aurelio, el emperador-filósofo.

No conozco apenas su pensamiento y el estoicismo no está entre mi acervo de conocimientos más allá de lo que sabe cualquier aficionado a la filosofía. Lo leo a diario, una página, a veces sólo un parágrafo, casi siempre antes de ir a trabajar, como quien toma un medicamento o se alimenta de palabras sabias para enfrentarse al mundo.

Ayer leí esto. Aunque no lo suscribo en tu totalidad (el estoicismo extremo me parece peligroso, pero no un estoicismo matizado y razonable), me parece digno de ser compartido por la gente que a veces pasa por aquí y que seguramente se aburre de mis bobaliconas palabras y ramplonas reflexiones.

Marco Aurelio, mejor Marco Aurelio.



https://www.youtube.com/watch?v=ho_s2QDc5bQ


Ilustración tomada de:


sábado, 9 de marzo de 2019

QUARTETTO MINIMO


Sigo a este grupo desde hace poco más de un lustro. Soy muy jóvenes, de manera que cuando los escuché por primera vez me parecieron casi adolescentes. Sin embargo, recuerdo aquel concierto con asombro, babeando aún del jazz potente y maduro que por entonces ofrecían. Eran un grupo de cuatro hombres, tres de ellos franceses y uno griego, que vivían y ensayaban… ¡en Guadalajara! Una excentricidad, como su música, claro, un lujo para esa ciudad.

Durante unos años se marcharon. Han estado en París. Por el camino han perdido a un miembro y han ganado otro, otra más bien. Cuando me enteré de que incorporaban un arpa fruncí el ceño. Me equivocaba, claro.

Han vuelto. El jueves ofrecieron un concierto en Madrid y otro el viernes en Guadalajara (éste gratuito, en la Biblioteca) para presentar su nuevo disco. Han ganado calidez, intimidad y capacidad evocadora sin perder su estilo personal. La arpista se integra perfectamente y “dialoga” muy bien con los demás instrumentos, especialmente con la guitarra eléctrica.

Compré su disco al salir. 10 €, un regalo. Lo estoy escuchando mientras escribo estas líneas. Me acompañará los próximos meses. Os dejo una muestra.





sábado, 2 de marzo de 2019

DÍAS DE LA SEMANA



Hace unos días empecé a escribir en Twitter sobre los días de la semana (@AttticusGu). Como casi siempre, uno o dos corazoncitos. Pero el viernes estalló la cosa y hasta una tuitera me mandó una foto maravillosa de sus maravillosos ojos. Reúno aquí todos ellos.


El lunes es un obstáculo metafísico, ficción innecesaria de ser. Sabe a cuero en la espalda y a la nostalgia del aire que no llega a los pulmones. El lunes tiene sabor a metal y huele a sopa y a ropa vieja.

Cada martes tiene algo de desconcierto, de hacia dónde y desde cuándo. Los martes saben a ducha con gel de limón, a ralentí y a compra semanal.

Los miércoles se asemejan a carreras de fondo sin avituallamiento. Saben a piedra pómez y a soledad cósmica.

Un jueves tiene algo de oasis y espejismo. Un jueves está y casi ya no está, con su presencia imponente de cumbre y abismo, con su sabor a páginas de libro viejo, a cuchara y a gasolina.

Los viernes saben a mar. Son promesas de ojos verdes, un imposible reloj de arena varado en aroma de whisky. Los viernes saben a cine y a olvido.

Cada sábado tiene la cadencia con que se vierte la infinitud sobre la invención del tiempo. Los sábados son la arena de las playas y la textura de las sábanas. Saben a todos los sabores. Saben a dos copas de vino y a piel ajena. Huele a esperanza, a dulce pereza. Sabe a sol tibio y a palabras.

Los domingos tienen tiempos polédricos. Por la mañana existe la nada deliciosa. La tarde tiene retrogusto a diletantismo, sabe a arrepentimiento por un tiempo que ya no es. La noche tiene aroma de impaciencia rancia. Sabe a déjà-vu, a plumier y a oscuridad.


Regalo de dulce moñada, hoy que es sábado:


Procedencia de la imagen:
https://www.abad-psicologia.es/como-te-afectan-los-dias-de-la-semana/