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lunes, 7 de noviembre de 2011

HABITACIÓN DE HOTEL

"Conviene retirarse tenuemente
del espectáculo al que nunca se ha accedido”

José Ángel Valente: Al dios del lugar


En 1931 Edward Hopper pintó este cuadro desasosegador. Decir esto de su pintura no es atreverse demasiado: hay un clima en todas sus obras en el que habita la tristeza, la desolación, la soledad y una inquietante sensación de espera. Siempre que lo miro recuerdo un artículo de Antonio Muñoz Molina en el que decía que nunca se había sentido tan solo como en una ocasión en la que tuvo que guardar cama en un hotel durante un par de días a causa de una enfermedad común. Puede que la fiebre no fuera gran cosa, pero la soledad de una habitación de un hotel es a menudo comparable con la de un paisaje tan abierto e infinito que produce dolor al abrir los ojos.

No deja de ser curioso que estos sean dos temas tan recurrentes en la pintura de Hopper: los espacios abiertos y los espacios cerrados, la civilización frente a la naturaleza, opuestas, pero algo más: los edificios, las calles, las ciudades parecen ocupar un lugar que no es el suyo, ubicadas sin un propósito racional en medio de paisajes en los que se refleja la desolación de las personas que habitan allí. Y el hombre (o mejor, más frecuentemente, la mujer) perdido, desorientado, estupefacto ante el sinsentido y el absurdo.

Porque, me vais a perdonar, a mí Hopper me parece un pintor existencialista. Desde el atrevimiento que solo da la ignorancia, diría que hay más de ese sentimiento que comúnmente se llama nihilismo en un cuadro de Hopper que en toda la obra de Sartre, o de Camus. Como en ellos, los personajes de Hopper pugnan por salir de ese vacío. Pero no siempre lo consiguen, es más, parecen incapaces de dar la batalla. Creemos que están en la vida, pero no siempre es así; los encontramos en una marginalidad central (si es que esto es posible), es decir, ocupan el centro de unas pinturas pero los sabemos absolutamente solos, al margen de cualquier pasión vital, desvalidos.

En este cuadro hay algunos detalles a los que vale la pena prestar atención. Como ya he dicho, se trata de una mujer (mucho más común que la figura masculina). A diferencia de los cuadros abiertos, aquí la mujer vierte la mirada hacia un libro y no hacia el infinito de un paisaje. Pero el libro está vacío. Puede tratarse de un recurso pictórico, es posible, pero el libro tiene muchas páginas y ninguna letra, qué mejor metáfora de ese tiempo interminable. La mujer mira y no es relevante si lee o si solo lee sus pensamientos, si deja pasar el tiempo porque nada de lo que la ha llevado hasta allí es importante o si es un acontecimiento esperado e inmediato lo que la retiene en esta habitación. ¿Espera a un hombre? No es la actitud de una amante. Tal vez un asunto familiar, un problema por resolver. En todo caso, está. No sabemos qué es, pero sí que está allí, varada en la mitad izquierda del lienzo mientras que en el resto le esperan sus pertenencias de las que se ha desprendido.

Qué poco hay, un cuarto tan angosto que parece como si las paredes fueran a aplastar al escaso atrezzo que lo habita; una cama que se encaja entre dos paredes, junto a un sillón que no permite movimientos. Y esas paredes, sucias, frías, sin una simple imagen barata comprada en cualquier mercado… No le queda más que abrir la maleta, quitarse la ropa y los zapatos y comenzar a leer su libro. O sus pensamientos.

Seguramente no es bella ni demasiado joven. Seguramente sus vestidos (que no vemos) serán oscuros y de escaso valor. No se sentirá elegante con ese sombrero que reposa sobre el mueble. Ni siquiera parece destilar deseo o erotismo, pese a la escasa prenda que la cubre. Hopper nos oculta la expresión de su rostro con una sombra que podría ser innecesaria, pero que no es irrelevante. De este modo no interpretamos su mirada ni su discreto peinado, ni su convencional y nada estimulante postura sobre la cama. Todo en ella es soledad, abatimiento.

Lo miro una y otra vez. Puedo palpar la espera; quisiera que hubiese un ápice de esperanza.

18 comentarios:

  1. hay un film que es una deliciosa muestra de alegría

    es “tres solteros y un biberón”…, aunque contiene una desoladora secuencia: la de ese piloto de avión que, tras despedirse de unas guapas azafatas, se va a su habitación de hotel y, mientras mira a través de una de sus herméticas ventanas, el espectador percibe su humillante soledad sobre el tópico fondo glamouroso anterior

    no creo que haya otra pintura que, como la de hopper, hable mejor de esto

    el cuadro está lleno de matices, sólo comentaré uno, el que más me llega: esos brazos caídos que apenas pueden o quieren sostener el libro

    cuando he leído “desvalidos” he creído leer “desvitalizados”: valen ambos vocablos: algo hay en los personajes de hopper que los hace muñecos como de trapo: no sé si esa chica espera a alguien; pero si es así, se llama godot

    tampoco sé si es bella, sí diría que joven: me gustan sus piernas, hay esperanza

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  2. Cada vez que observo este cuadro y aunque me detenga cada vez en diferentes detalles o interpretaciones, me conmueve. Estoy de acuerdo contigo, Atticus: poco importa porqué ha llegado esa joven ahí, porqué espera (si espera algo), si está resignada, triste, melancólica, dolida... Me transmite una belleza que no sé si la alcanzan mis sentidos o mi corazón. De cualquier modo, presiento que hay algo más tras esos brazos caídos y esa mirada. Sí, hay esperanza, aunque sea pequeña, aunque quepa en un dedal.
    vivióloga

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  3. A mí me trae tristeza. Veo una mujer derrotada, sentada al borde de una cama, sola, sin esperanza, rendida.
    Un cuadro bello, sin embargo. O precisamente por eso.

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  4. Bueno, creo que los dos véis algo que yo no veo: esperanza. Creo que la ponéis vosotros, que la proyectáis en el cuadro. Coincido en que hay una belleza desolada, un desajustamiento. Recuerdo otro cuadro de él en el que una pareja toma algo en la barra de un bar. Entre ellos hay un mundo, una distancia infinita, pero dentro de ellos el pozo es aún mayor. ¿Cómo se puede pintar eso? Puer Hopper lo sabe hacer. Por cierto, Cris, Hopper merece una mayúscula. Y me alegro de darte de nuevo la bienvenida, vivióloga, porque creo recordar que no es la primera vez que nos obsequias con tus palabras.

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  5. Elena, mientras escribía el comentario anterior, tu escribías el tuyo. Creo que nuestra visión o interpretación es coincidente. A mí Hopper me entristece, me turba, me duele. Pero también le reconozco una belleza fuera de toda duda.

    Eso sí, al igual que tú, percibo una mujer vencida, incluso más: sin ganas de luchar.

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  6. Recuerdo haber visto este cuadro en el museo Thyssen hace muchos años, no sé si seguirá allí en un rinconcito.
    Me impactó, me pareció imtimista. Hasta entonces asociaba a Hopper a gasolineras, barras de bar... geniales tambien. Mi sensación es que está cansada (no sé si de trabajar o de la vida), y que tienen ganas de volver (¿a dónde?). Lo que está leyendo es un papel, una carta, no sé.
    Atticus, me ha gustado recordar este cuadro ¡desasodegador!

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  7. Sí que debe de ser triste pasar una enfermadad, por muy común que sea, en la habitación de un hotel. La mujer del cuadro no sé si está triste o está pensando. El colorido es bonito, pero si miras a la mujer da un poco de pena.
    saludos a tod@s

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  8. Sigue ahí, paraqueloleas. Cansada... me viene a la cabeza unos versos de Pessoa que dicen más o menos esto: "De qué estoy cansado / no lo sé". A mí me sigue turbando el cuadro y el pintor. En las épocas oscuras no me lo permito.

    Es más que pena, Rachel, es desamparo. Todos los objetos que hay junto a ella no la acompañan. Está sola. Absolutamente sola.

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  9. Pessoa no lo sabía, pero Cortázar sí: "cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo".

    La frase me la regaló hace años un tal..., bueno, ahora se hace llamar Atticus y lleva camisetas verdes (cómo se quede quieto en un prao, una vaca se lo merienda de un lametón: raquelita, cuidáme al pibe que se nos echa a perder en un ahí es ná tras una pancarta).

    Hopper pinta los gritos del silencio.

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  10. Si CrisC recupera las mayúsculas es que algo grave pasa. Armaggedon, el Anticristo de Lars von Trier o la reposición de Verano Azul. Apocalipsis fijo.

    Lo de las camisetas... interinamente, I supose. Desde que serví a la patria no había en mi armario nada de ese infame color que sirve para comer o mirar.

    Después de la última frase de CrisC mejor guardamos todos silencio. Ya lo ha dicho todo.

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  11. A pesar del toque de silencio, ¿puedo?

    Atticus, una habitación de hotel es el universo. Cinco metros cuadrados pueden alcanzar el horizonte, y ciento cincuenta te pueden asfixiar.

    Hopper lo supo, Vermeer también. Mírate “Muchacha leyendo una carta”, contextualiza el tema y dime…

    Hopper dominó el tratamiento de la luz. Vermeer además, la amasó con el espacio.

    Hopper me gusta, Vermeer me fascina.

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  12. Estoy pensando se me ha soltado la pinza. Tú, hablando de Hopper en un post sobre su pintura, y voy yo y suelto mi admiración por otro pintor y paso de tus comentarios.

    Lo siento. Vuelvo a ponerla (la pinza) en su sitio, que sujete lo poco o mucho que haya que sujetar.

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  13. Por favor, Aliénor, estás en tu casa, digo en tu blog. Y más cuando aportas tan sesudos comentarios. Y no desbarras. Ya me gustaría a mí ser capaz de hablar de Vermeer. Confieso que entre mis múltiples y oceánicas lagunas está la pictórica. Por eso, comencé a mirar la pintura de Vermeer por el libro de T. Chevalier "La joven de la perla". Y me hice 700 kilómetros para ver la exposición que hizo el museo de El Prado. Tienes razón: la luz, mucho más que Hopper. Uno lo lee en libros y en folletos, pero cuando estás delante lo comprendes. Nada de disculparse, pues, yo que te lo agradezco. Porque aunque esto sea un blog personal, es en los comentarios en los que crece de verdad.

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  14. No sé si lees los comentarios que te puedan hacer en entradas del pasado. He llegado a esta desde Twitter y bueno, me gusta mucho la pintura en general, me gusta Hopper y esta entrada me parece una auténtica maravilla. Debería decir algo mucho más elaborado para estar a la altura, pero no me sale. De verdad que me parece preciosa, como el cuadro.

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    1. Los leo. Gmail me informa de que llegan y por lo tanto puedo leerlos. Es más, me gustaría que mis posts siguieran vivos, pero por regla general quedan sepultados por los nuevos.

      Agradezco tus palabras. Algunas entradas me llevan tiempo. Esta surgió por una excursión al Museo Thyssen, cada uno decíamos preparar un cuadro. Sin embargo, tuve gripe y no puede ir, así que les mandé mi aportación, que es ésta.

      Me gusta Hopper, y este cuadro especialmente.

      Gracias de nuevo.

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    2. A mí me gusta bucear en el pasado de los blogs. Siempre leo la primera entrada y luego voy escogiendo al azar. En principio lo hago con todos los blogs que voy descubriendo y luego solo sigo curioseando el pasado de aquellos que creo que tienen algo especial (puede ser por la manera de escribir, por lo que se cuenta, por la atmósfera que se crea, por la estética o por lo que me hace sentir), pero no suelo comentar porque no estoy segura de que mis palabras vayan a llegar a ningún sitio.
      La idea de preparar un cuadro al visitar un museo o una exposición me parece interesante. Si no te importa la apunto y la hago un poco mía. Tengo unos amigos con los que quedo de vez en cuando en algún punto del país y en nuestro encuentro siempre incliímos la visita a una exposición de algún tipo. La última vez que fuimos al Thyssen vimos a Caillebotte. Habría estado bien preparar un cuadro cada uno.
      Una pena que la gripe no te dejase ir.

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    3. Ya ves que sí los leo. E intento responder. Si son tan amables, más aún.

      Cómo me va a importar, faltaría más. Tienes amigos interesantes. Y el Thyssen es una maravilla. Un poco caro, pero algunas de sus exposiciones son increíblemente buenas. Recuerdo precisamente la de Hopper, pero también la de Modigliani, emocionado hasta la lágrima.

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