Dicen algunos de los que me rodean que soy un poco
cascarrabias. Yo creía que no, pero si me observo “desde fuera” puede que sí.
Sobre todo al volante. No grito, no insulto, pero murmuro para mis adentros o
para los adentros de mi auto.
Últimamente veo muchos que abren la puerta derecha sin
importarles que yo esté en el carril. No gano para sustos. Ayer, sólo ayer,
cuatro veces. También veo cretinos que
me adelantan en ciudad, incluso donde no se puede, a velocidades temerarias. Lo
de las rotondas es para infartar a cualquiera. Soy de los que no sobrepasa los
límites, pero tampoco voy a veinte.
Ayer fui a hacer un par de recados. No había sitio en la
puerta, pero sí cerca, a diez metros de una plaza de minusválido. Allí (en la plaza reservada a discapacitados)
aparcó uno de esos individuos que se creen con derecho a todo, con coche pseudodeportivo.
Bajó ágilmente del vehículo, nos sobrepasó a ritmo casi de trote y se metió en
el cajero, al que también íbamos, de modo que fuimos a otro recado, cincuenta
metros más allá. Al salir, oh casualidad, el mismo individuo intentaba meter su
auto en el garaje, con su vado en el lugar preceptivo. Pero otro incivil había
aparcado delante, menospreciando la ley y el dispendio de los dueños del vado.
Allí le dejamos, intentando meter el coche bajo techo por el minúsculo espacio
que había entre el desobediente y él, que, por cierto, maldecía en arameo. Ya
se sabe que las faltas de los demás tienen mucha importancia y las propias no
tienen ninguna.
Camino de nuestro automóvil pensaba que no me alegro, aunque
a veces la justicia no sé si es poética, pero sí automovilística. Y hubiera
preferido aún más: una sanción ejemplar para el que aparcó en plaza de
minusválido y otra con grúa para el que bloquea un garaje legal. O, como
hicieron en Lisboa: una silla de ruedas en cada plaza de aparcamiento con un
cartelito: “Vuelvo en 5 minutos”.
No me alegro de vivir en una sociedad en la que no se respetan
las normas, qué digo: donde no se respeta a esas personas para las que se hacen
esas normas.
Procedencia de las imágenes:
https://blogs.publico.es/strambotic/2017/08/vado-permanente/






