domingo, 7 de octubre de 2018

CUATRO FRASES EN UN CLAUSTRO


Este año, durante el siempre aburrido claustro inicial de curso, saqué unos folios en los que había anotado cuatro frases tomadas de la primera novela que he leído de Alicia Giménez Bartlett, pronunciadas/pensadas por la comisaria Petra Delicado. Mientras el runrún previsible y clonado de otros cursos se sucedía, a mí me dio por escribir sobre ellas, a partir de ellas.


1.     Sin testigos infamantes de la mediocridad. Nunca es posible. Por eso buscamos el silencio y la impunidad, nada tan bajo como la mediocridad, hasta el crimen precisa inteligencia y no una simple chapuza coyuntural dictada por instintos bajunos. Lo peor es que tantos mediocres exigen complicidades, testigos, de su bovino proceder.
2.     Yo podía subir o bajar por su escalera según me lo dictase el humor. No paro de dar vueltas a esta frase con el curso por delante. A veces tengo ganas de dar la batalla; otras, me enroco en el conocimiento de lo que sé que no se puede hacer y mi yo más zen entra en el silencio. Éste debería ser el camino, el otro me hace daño. Elegiré el error.
3.     Me compadecí de él, sus esfuerzos por convertir los prejuicios en argumentos. A esto sólo se puede decir: nada que añadir, señoría. Sin embargo, ese esfuerzo, cuando es sincero, convierte a sus actores en personas meritorias. Porque prejuicios tenemos todos y ser consciente de ellos es un primer y gran paso. Para trascenderlos, claro, no para apuntalarlos.
4.     La gente acepta mucho mejor las broncas que la frialdad educada.  Claro, el desprecio nos ningunea, mientras que el odio o el más vulgar rechazo nos hace alguien, algo. No existir, ser un gusano, sólo nos hace dignos del silencio, el olvido o la frialdad. Algo así como ser invisibles: no ser.

Procedencia de la imagen: https://ined21.com/claustro-profesores-sistema-amigo/

8 comentarios:

  1. Interesantes las frases que has escogido y lo que has escrito a partir de ellas. Es curioso lo que un claustro puede dar de sí. Me siento muy identificada con la segunda y no estoy muy segura de que lo esté con la cuarta. En este momento, creo que casi prefiero ser invisible. Supongo que depende del tipo de bronca y de su procedencia.

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    1. Me aburro enormemente en los claustros. En tiempos, cuando comencé, eran más soberanos, se discutían cosas, se plantaba cara desde allí a los abusos de la administración. Ahora son un escaparate de las cosas megaguays que se hacen e información variada con poca discusión y casi ninguna efectividad. Yo apunto cosas, pienso, reconozco que desenchufo casi siempre. (No) me arrepiento.

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  2. Los claustros dan para mucho. Yo he visto de todo, supongo que igual que tú. Broncas monumentales entre compañer@s, provocando una situación incómoda, otros con el móvil (yo a veces también), comentarios fuera de lugar... En fin. Hay algunos que son mortales de aburrimiento, entonces me pongo a dibujar.

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    1. He tenido algunos de cuchilladas, interminables otros, incluso de esos en los que alguno coge la palabra en octubre y la suelta en mayo. Lamentables.

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  3. De entrada que algo se llame “claustro”, mal rollo.

    Y es que no hay reunión en la que no haya pelmas, figurones, regurgitadores de tópicos, palmeros y otras especies infracorticadas. Y cómo disfrutan perorando sobre el sexo de los ángeles (machucho, es bien sabido desde los bizantinos).

    Ser invisible a veces está bien, mira Giges.

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    1. Creo que padezco claustrofobia. O que es el mejor sitio para entrenarse en la meditación: eso de fijarse en un objeto hasta que el mundo desaparezca. Por ejemplo: "Lectura y aprobación del acta anterior". Si logras que eso sea la focalización de tu ser, el resto del mundo se anula. Y la pueden perorar sobre lo perorable y alrededores.

      Quisiera serlo. Ciges.

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  4. Pues sí, la verdad es que en las reuniones a veces nos mantenemos pensando en otras cosas.

    Yo me sentía mal por desconectar, y se me hacen duras.

    La última la tenía 2 horas después de haber acabado mis clases, después de tan larga espera se tocaron temas intrascendentes para mí, sólo uno me concernía, y aproveché para exculparme. En mi diálogo interior me decía a mí mismo que era normal ante tanta espera estar "espitoso", que yo no tenía la culpa de estar rodeado de un ambiente del todo ajeno en el que no me interesaban las conversaciones, las actitudes, los discursos, ni tenía donde agarrarme, y así horas....apelé a mi resistente espíritu de supervivencia y lo pude contar...

    Me encantá la idea de ser consciente de los propios prejuicios, es una forma de tener autocrítica y poder mejorar....

    ¡Un saludo, Atticus!

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    1. Hay muchas reuniones francamente estériles. Lo que dices nos sucede a todos: tener una reunión larga en la que solo te importa un asunto, o sólo te concierne los dos o tres alumnos que tienes en esa clase. Y (habiendo hablado antes con el tutor) empleo el tiempo bobo en leer, corregir o alguna actividad productiva.

      No estoy ya para tonterías ni batallitas interestelares.

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