miércoles, 20 de junio de 2018

ÇA VA, MANU?




Estos días se ha hecho viral una filmación en la que el presidente francés afea a un muchacho su mala educación, su exceso de confianza. “Ça va, Manu?”, le dice el joven a Emmanuel Macron. Manu será tu amigo, le viene a decir, yo soy el presidente de Francia y me debes un respeto y un tratamiento.

En Doce hombres sin piedad, uno de los miembros del jurado, especialmente grosero, se encara con otro de ellos diametralmente opuesto: “¿Por qué es usted tan obsequioso?”, le dice.” Tal vez porque usted no lo es”, responde el aludido.

Cada vez que empiezo una clase digo buenos días, uno a uno, a todos mis estudiantes. Les hace gracia. Los pequeños responden. Me cuesta más con los mayores. Por los pasillos también saludo; me contesta uno de cada cinco.

Voy al teatro, alguna vez a conciertos. Dicen siempre que está prohibido filmar y piden, por favor, apagar el teléfono móvil. Pero la sordera o la falta de comprensión oral y escrita están muy extendidas. O será la educación.

Del trato dispensado a camareros, dependientes y demás trabajadores que están continuamente en contacto con el público, casi es mejor no decir nada y limitarse a observar.

Basta con ir a la playa: vertedero de colillas, restos de comida y voces ostentóreas.

Nadie es culpable. Eso dicen tantos. Nadie dice yo soy culpable de este despropósito, de esta urbanidad pigmea.

Y yo agradezco las excepciones.

Buenos días. Gracias por leer. Muchísimas gracias por comentar.


Procedencia de la imagen:
https://www.dreamstime.com/editorial-stock-photo-local-scenes-thailand-beaches-dirty-beach-travel-litter-everywhere-image68248643

domingo, 10 de junio de 2018

REFLEXIONES ALGO LLORONAS DE UN PROFESOR DE FILOSOFÍA A FINAL DE CURSO

I

Está terminando el curso y estoy agotado. Todos los cursos es lo mismo, cierto, pero cada año soy mayor, de modo que mi cuerpo lo resiste malamente.

A finales de junio pasado fui a ver a mi médica. Le referí dolor de espalda y cuello persistentes. Me miró y me dijo más o menos esto:

-Te pasas muchas horas corrigiendo, sentado, incluidos los fines de semana, ¿verdad?

-Pueeeees… Sí –respondí; había olvidado que su hermana es profesora de secundaria.

-Te faltan unos días para terminar el curso. El día 1 de julio empezarás a mejorar. Si no es así, pásate de nuevo. De momento, algún ejercicio de cervicales e intenta que las sentadas no sean muy prolongadas.

Mano de santo. El día 1 ya empecé a mejorar, el 2 casi bien, el 3 perfecto.

Me estoy acordando de esto ahora que la situación se repite como el día de la marmota. 

Voy más o menos por la mitad de todo lo que tengo que corregir. Tengo unos 200 exámenes y algunos trabajos pendientes. Luego quedan las recuperaciones, finales y demás.


II

Como ya he dicho a veces, estoy en crisis. No por la materia, sino por las condiciones de la asignatura. Porque sigo estando seguro de que las asignaturas de Filosofía son las únicas que hablan a los estudiantes de conceptos universales, de personas y no de españoles, de seres humanos y no de los pertenecientes a la tribu, de Derechos Humanos Universales y no de derechos de los habitantes del pueblo en el cada cual vive azarosamente. A veces pienso que ésa es la razón de que el destino de estas asignaturas parezca ser el del estercolero del sistema educativo.

Además, está la cosa ésa de los Valores Éticos, tan importantes que tienen una hora a la semana, qué alegría, gran compromiso con el contenido. Qué mierda.

Y luego están las otras asignaturas. Creo que fue Adela Cortina la que dijo que la importancia que una sociedad concede a un saber se refleja en el número de horas que le da en el currículum. Efectivamente.



Procedencia de las imágenes:
https://steemit.com/spanish/@jessfrendcor/en-steemit-corregir-y-ser-corregido
https://www.yorokobu.es/caricaturas-pablo-morales/

sábado, 2 de junio de 2018

EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA


No conocía este texto de Eva Gª Sáenz de Urturi. Tampoco a la autora.

Me ha gustado. Con reservas.

Me gusta la novela negra, no es ningún secreto en este blog. Me gusta lo que tiene de crónica social, de pálpito de una sociedad y sus problemas. Ésta no es ajena. Sin embargo, creo que la autora deja a menudo esto de lado y opta más por un contexto autobiográfico, una especie de relleno con su vida y sus sensaciones locales y provinciales. Esto no me acaba de gustar: hay un excesivo apego a la tierra. A veces parece una crónica de Vitoria: sus bares, esta pastelería, aquella calle, ese otro monumento… Por supuesto, es necesaria una localización precisa, pero se recrea demasiado en ella.

Tampoco me gusta la cantidad de personajes. No siempre hacen compleja la acción, sino innecesariamente complicada; algunos sólo distraen. Creo que en una narración cada personaje debe cumplir una función y no todos la tienen. Por ejemplo, Estíbaliz está desdibujada profesionalmente, parece una amiga más que una inspectora; en esta última condición no tiene desarrollo, no te la crees. Algunos otros personajes son de menor relevancia: Nerea, Aitana… Incluso están descritos con detalles que no vienen al caso (fuma estando embarazada, propaga rumores…) y que, de no existir, no pasaría nada, salvo unas 50 páginas menos.

Ahora lo que sí: la escritora es ágil, nos atrapa como lectores, nos lleva y no nos pierde. Se nota que conoce el lugar en el que transcurre la acción, la psicología de los alaveses y de los vitorianos. La acción no decae y apetece siempre seguir leyendo. Esto es bueno, lo mejor.

Por cierto, va de un asesino en serie que liquida parejas sin aparente relación entre ellos que tienen la misma edad: 0, 5, 10, 15..., con rituales similares y referencias a la ciudad y a su historia.

La parte que más me gusta es aquella en la que aparecen referencias al pasado, pistas de comienzos de los años 70. Creo que es su gran logro.

Me dicen que se trata de una trilogía, qué bien. Aun con esos inconvenientes iniciales, seguiré leyendo. Espero que estén más pulidos los personajes, más nítidos, pero al menos leeré los otros dos volúmenes ubicados en esa maravillosa ciudad blanca, es decir, Vitoria-Gasteiz.

Una última cosa: la novela está pidiendo a gritos una película, incluso tiene aires de guión cinematográfico. Y puede ser estupenda a poco que el director sepa acotar personajes, elegir bien los actores y tensar situaciones.




Procedencia de la imagen:
https://www.casadellibro.com/libro-el-silencio-de-la-ciudad-blanca/9788408154167/2933371


miércoles, 23 de mayo de 2018

TODO POR AMOR


Voy a escribir poco. Desde luego, no una reseña.

Acabo de terminar Todo por amor y otros relatos criminales, un libro del escritor Lorenzo Silva. Se trata de 102 ¿relatos? breves, un par de páginas cada uno, a cual mejor. ¿O no son relatos sino crónica de este país? Qué importa.

He seguido a Lorenzo Silva desde que por azar le escuché en la radio hablar de El alquimista impaciente y de su impagable Bevilacqua, un kantiano picoleto sin redención para la inercia profesional.

Le he seguido en Twitter hasta que lo mandó (los mandó) al carallo (que dirían por Galicia), harto de los que arremetían contra él, especialmente desde que se posicionó frente al procés.  Todo tiene un límite. Lo siento por mí, que seguía sus escritos; alguna vez me respondió. Lo entiendo, claro.

Le conocí en una presentación de un libro ajeno. Estuvimos hablando. Es llano, accesible, escucha; muy lejos del divismo de algunos escribidores.

En Todo por amor hay personas y personajes, algunos muy conocidos; otros algo menos. Todos ellos tienen relación con la ley, la convivencia, el delito… Algunos me han impactado, especialmente los que hablan del tráfico de seres humanos (“71 razones”, estremecedor, al igual que “Perdida en el paraíso”), del crimen que persigue al criminal junto con la obsesión del funcionario por resolver aquel horror (“El regreso de Ahmed”), de la condición humana, de lo peor que hay en ella (“28 (la historia más triste)”), de la picaresca cibernética (“Spanish Gigoló”) o del ladrón que tiene principios morales y denuncia al dueño de la casa en que robó porque la  pederastia no puede admitirla un delincuente con principios (“Chivato a mi pesar”).

No sigo. Leed. Literatura social. Moral. Política. Lo que hay y lo que tenemos.



Procedencia de la imagen: 
http://www.expansion.com/fueradeserie/cultura/album/2017/02/28/58b404bdca4741bd5f8b45e2_3.html

martes, 15 de mayo de 2018

DOS MARCAPÁGINAS

La semana pasada iba corriendo de una clase a otra, como siempre. Me crucé con Isabel, una antigua alumna de 1º de Bachillerato, a la que no he dado clase en 2º. Me preguntó si tenía un minuto. Si es uno, Isabel, llego tarde. Claro, profe. Es que ya queda poco de curso y como este fin de semana he estado en mi tierra, he comprado una tontería para los mejores  profesores que he tenido en el instituto. Abrió un sobre y sacó dos marcapáginas preciosos. Isabel, no sabes cómo te lo agradezco, igual me ves por los pasillos y casi ni saludo, estoy cansado, estoy atravesando una crisis profesional profunda. Me complace más esto que una subida de sueldo. Algunos días me voy a casa pensando que no sirvo para este trabajo y que ya no tengo edad para pensar en otra cosa. Isabel, te agradezco este detalle no sabes cuánto. No profe, no diga eso, es uno de los mejores profes del instituto, todos lo pensamos. Isabel, me voy a ir porque llego tarde y ya sabéis cómo me molestan los retrasos, y también porque se me están humedeciendo los ojos.

Isabel es la estudiante que todos queremos tener. Educadísima, atenta, con ganas de aprender. Familia normal, sin aspavientos, sin padres tocanarices, sin estridencias. Le di clase dos años, creo que le puse un 7 o un 8. Iba a uno de esos grupos que a mí me gustan: respeto y deseo de conocer. Esperaba siempre su hora de clase y verla a ella, a Rebeca, a sus compañeros, que daban sentido a este maravilloso trabajo.

Me he acordado estos días de Amalia, que me regaló un búho que aún conservo al día siguiente de dar las notas. Era mi cuarto curso de profesor. Y mi memoria también me ha devuelto unos correos electrónicos de Michelle, de Paula, de Javier.

Un funcionario no debe aceptar regalos que puedan entenderse como favorecedores de algo. Entiendo que éstos no lo son. Isabel no es alumna mía. Amalia ya tenía su nota final. Paula, Javier, Michelle hacía años que ya no eran estudiantes a mi cargo. Sin embargo, quieren reconocer una relación que no se limita a cumplir el expediente.

Por supuesto que no soy el mejor profesor del mundo. Sin duda, del montón, de ese montón que no sale en los periódicos pero que intenta cumplir con su deber cada día. Nadie me podrá negar mi dedicación. Me dejo la salud y estoy pagando por ello. Lo cierto es que, en este momento, lo único que me compensa es entrar en clase y encontrarme con esos ojos, esas sonrisas y esa disposición al trabajo.

Este curso también tengo excelentes estudiantes. Están Eva, Alejandro, Jimena, María, Pablo, Elena, Silvia… Son muchos. El curso está terminando y sé que ha merecido la pena. Tal vez me cambie de instituto. Lo malo o lo bueno de este trabajo es que se trabaja con personas. Esas que un día piensan que al menos intenté ser un buen profesional, digno del sueldo que me pagan.

Gracias, Isabel. También a los demás. Hay días que tiraría la toalla; otros no: me seco el sudor y sigo. Es la vida.


Procedencia de la imagen:
https://elrinconcitodezivi.blogspot.com.es/2014/11/marcapagin-as-de-madera-decorados-con.html?m=1