Lo que sigue es uno de estos hallazgos, fechado el 7 de junio de 2012. Está escrito en una hoja de las pruebas de selectividad, de las que fui tribunal en esos días. Ahí va:
Una de las expresiones o frases que más he escrito en este blog es “no sé”. Cualquiera podría decir, como Wittgenstein, que de lo que no se puede hablar es mejor guardar silencio. Tal vez le valiese al desconcertante filósofo vienés, pero al grueso de los mortales no.
Lo que quiero decir es que el hecho de escribir y opinar exige un esfuerzo de honradez. Se puede escribir sobre Dios (ese anhelo) y decir: creo, pienso, me parece, siento... Pero nunca: sí, estoy seguro, es necesario, etc. La tentación del fundamentalismo es enorme: hay que ser precavido.
Sobre filosofía sé algunas cosas, no muchas. Sobre el resto camino en su epidermis, opino, sospecho, aspiro, conjeturo. Es decir, no sé.
No sé cuál es la solución a la desigualdad, a la injusticia, al hambre, a la guerra... Creo que no es la que muestran los ministros del ramo, menos aún la que cacarean los dueños de todo esto.
No sé si Luis García Montero es un poeta excelente, pero a mí me gusta, tengo la impresión de que escribe para que lo lea precisamente yo.
No sé si Lars von Trier es o será un hito en la historia del cine, pero a mí me provoca crujir de neuronas y ganas de abandonar la película (alguna excepción hay).
No sé qué significan ciertas miradas, pero a mí me gusta creer que significan lo que seguramente no significan. Probablemente leo mal las señales, salvo las de tráfico.
No sé si existe Dios; mi hipótesis es que no, que tan solo es un postulado de la razón práctica, como decía Kant. Ayuda a vivir, a dar sentido y esperanza. A mí no me basta ni sé qué significa en este caso lo de existir.
No sé si este será el último post, si mañana seguiré leyendo a Murakami, si sabré hacer el cuscús a mediodía, si lo mejor de mi vida está por llegar.
Escribo por si acaso.
Procedencia de la imagen:
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