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miércoles, 4 de noviembre de 2026

BONHOMÍA

 

Dice el DRAE que la bonhomía es “afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento”. Magnífica definición, atinada y precisa.

Me ha venido esto a la cabeza por los accidentes de Adamuz y Urda. Somos un país peculiar, capaces de abrir las compuertas del odio (sin motivo) y del resentimiento digno de mejor causa, pero también habitan entre nosotros personas buenas; buenas en el buen sentido de la palabra, como decía Machado.

Leo que las donaciones de sangre se cuentan por centenares, incluso miles. Leo que el personal sanitario acude a los hospitales aunque esté de baja, de vacaciones o de merecido descanso. Veo al farmacéutico de Urda, escucho sus palabras y constato que es una de esas personas buenas que, como decía el poema de Borges, están salvando el mundo. Recuerdo las imágenes de la dana de Valencia, ahora hace dos años: tantos centenares, miles de personas yendo con palas, con lo que tenían, algunos inmigrantes, personas sin papeles... La generosidad no tuvo límites, no los  tiene.

En este bendito país del que formo parte, la bonhomía crece en cada casa.

También están los malos, qué digo, los malvados, los que hacen el mal a sabiendas, los saqueadores, los de los bulos interesados, los idiotas (solo piensa en sí, en el id, el yo), los evasores, los que solo utilizan la bandera para darnos a los demás con el palo.

No es cierto que solo el pueblo salve al pueblo. Es una frase torticera que manipula unas palabras de Machado para hacerle decir lo que nunca dijo. Al pueblo lo salva la solidaridad, claro que sí, pero también y sobre todo los servicios públicos: la sanidad, la UME, Protección Civil... Todo eso es Estado y se sufraga con los impuestos de tanta gente a la que en muchos casos cuesta llegar a fin de mes.

Hoy no me da la gana hablar de esos indeseables, no merecen un segundo de atención. Desde luego, no merecen el odio; todo lo más el desprecio. Escribo este post porque quiero que la gente buena tenga más espacio y reconocimiento, porque el dolor de tantos no queda compensado por las acciones de estas personas, pero al menos saben que una buena parte de sus conciudadanos decidieron apostar por la bondad en esos momentos de quebranto.



Procedencia de la imagen:

https://www.latostadora.com/web/bonhomia---sencillo-bondad-honradez/10748169

lunes, 26 de octubre de 2026

ME HA CAMBIADO LA VIDA


Pocas frases hay que amenacen con un buen rato de dar la brasa. A mí también me han cambiado muchas cosas la vida, pero no voy por ahí haciendo apostolado de mis filias.

Los que tienen hijos (también yo) saben que eso les ha cambiado la vida. Pues claro, porque mal andamos si no es así. Durante un par de décadas al menos el foco de atención está en ellos. Cada vez menos, como debe ser, pero al principio la vida se reduce a comidas, enfermedades, colegios y actividades extraescolares, sueño, horarios, límites (que cada vez van a llevar peor)... Todo lo anterior es obvio. Lo malo es cuando cogen por banda a los que no tienen hijos (no pueden o no quieren) y les dan la lata horas y horas una vez tras otra en el improbable caso de que acepten quedar alguna vez. A ver, se resume en esto: les ha cambiado la vida. Pero los demás no necesitan que les detallen el amor infinito que sienten hacia ellos, la alimentación que les dan o sus proyectos para la descendencia. O sea, un resumen y ya. Por favor, un resumen, que hay más temas en el mundo.

Pongo este ejemplo, pero hay muchísimos. Conozco a alguno a quien el yoga le ha cambiado la vida. Otro (siempre podría poner también el femenino) que ha descubierto la homeopatía, la alimentación natural, una ONG, la religión (la que sea) o los libros de Paulo Coelho. Que bien, que vale, que os deseo lo mejor y que disfrutéis de vuestra nueva vida. Eso sí, a mí me vais dejando en paz, que con los doce apóstoles ya he tenido bastante y no necesito que me convenzan de las bondades de nada. No seáis soberbios, que la verdad o la felicidad  no son propiedad vuestra.

Estos tipos, además, tienen la mala costumbre de ser impermeables al interlocutor, al que ven o bien como un espejo para escucharse o  como un ser descarriado al que hay que encauzar debidamente. Porque si a ellos les ha cambiado la vida (¡y a mejor!) lo suyo es compartir la buena nueva y convencer al descreído.

Hace poco le decía a un amigo que yo me sentía conversacionalmente muy solo. Porque casi no tengo a nadie con quien hablar de filosofía, de poesía, de cine iraní y esas aficiones que tengo. Lo que no hago es coger por el brazo al primer incauto y decir que la Crítica de la razón pura me cambió la vida, o que Aleixandre y Kiarostami me cambiaron la vida. Si alguna vez lo intento, siempre tienen prisa por limpiar la casa o deben acudir a una cita urgente con el urólogo. Oye, lo entiendo. Seguramente soy algo más pelmazo de lo que estoy dispuesto a reconocer y tampoco soy un prodigio de sociabilidad. Ya me he resignado a compartir conmigo mismo las películas que veo, los libros que leo y las chorraditas que escribo. Yo es que no tengo la suerte de esos a los que de repente, como la caída del caballo de San Pablo, han encontrado ese momento crucial que les cambió la vida.

De hecho, creo que lo único que me va a cambiar radicalmente la vida es morirme. Y prisa no tengo...


https://www.youtube.com/watch?v=tJC9I1cqN3U



Procedencia de la imagen:

https://lapsicologiasindivan.wordpress.com/2016/12/13/quiero-cambiar-mi-vida-como-lo-hago/

martes, 20 de octubre de 2026

OTRO PREMIO PLANETA

De nuevo, como cada año, en octubre se falla el Premio Planeta, dotado con la estratosférica cantidad de un millón de euros. Esta vez, tras unos años en los que se concedía a autores de la casa, se va a una escritora de larga trayectoria, Isabel Allende.

Esta mujer comenzó su andadura literaria allá por 1982, cuando publicó La casa de los espíritus, en la que narra en clave de realismo mágico, la vida de La familia Trueba (a través de sus mujeres) hasta el golpe de estado el 11 de septiembre de 1973 en su Chile originario (pese a que nació en Lima), del que era presidente su tío segundo, Salvador Allende, asesinado ese día.

Tengo el libro en casa, precisamente la edición de 1982. Veo que la leí entre el 29 de diciembre de 1987 y el 1 de enero de 1988. Yo entonces devoraba los libros y esa década la dediqué a los autores hispanoamericanos, ya en la resaca del boom. Me gustó, sí, pero al poco tiempo tuve la sensación de que era una novela histórica pasada por el tamiz de Gabriel García Márquez, probablemente el que más provecho supo sacar a aquel movimiento. Y en mi memoria no ha envejecido bien.

Nada más terminarlo la emprendí con De amor y de sombra (1984), que me duró otros tres días y me gustó más. Sigue con el tema de Chile, concretamente con el horroroso asunto de los desaparecidos. Me interesó mucho más, tengo mejor recuerdo de este que del primero, seguramente porque Isabel Allende renunció a ese realismo mágico para narrar con crudeza una de las acciones más viles que han podido cometer los seres humanos.

No seguí con la autora y no puedo explicar la razón. Ha escrito mucho con gran éxito, aquí y en todo el mundo. Seguramente es una estupenda narradora, yo no soy quién para juzgar una carrera de la que solo conozco los primeros pasos. No obstante, que den el Premio Planeta a una autora más que conocida es sospechoso. Porque, obviamente, como es una segunda parte de ese libro inicial, los personajes reaparecen y, en consecuencia, es obvia la autoría (a no ser que se trate de un plagio) y el anonimato desaparece. Lo mismo sucedió con las novelas de Cercas y de Silva: los nombres de los personajes indican de qué autor se trata. Y eso, me parece, sin ser un fraude, apunta a que el premio tiene mucho de negocio editorial y no tanto de promoción de la literatura. Además, Isabel Allende pertenecía al otro gran grupo editorial que hay en España y, en consecuencia, es un negocio redondo arrebatar una escritora estrella a la competencia. Digo todo esto sin menospreciar el libro, que obviamente no he leído, y mucho menos a la autora, que conozco muy poco. Pero han llegado a la convocatoria, según leo, centenares de novelas, sin saber que no tenían las más remota posibilidad de ganarlo, todo lo más podrían ser finalistas.

Quien quiera, puede explorar el pollo que montó al respecto Juan Marsé hace unos años.

Volviendo a los primeros libros, hubo película de ambos. La primera con un reparto impresionante. Eso sí, en las manifestaciones en Chile, los que protestan hicieron unas pancartas en perfecto inglés y vivían en Santiago de Chile, donde nieva en verano. Qué risa. Estoy viendo que este año se ha estrenado una serie de ocho episodios de La casa de los espíritus. A ver si la localizo, porque el recuerdo de la película es regulero. Algo mejor en De amor y de sombra.

Termino. Hace tiempo escribí un post sobre los premiados en el Planeta que he leído. Desde entonces, ninguno. Sigo recomendando, por encima de todos, el libro de Antonio Muñoz Molina El jinete polaco.

Por último, si alguien quiere explorar la figura de Salvador Allende, puede ver la excelente serie Los mil días de Salvador Allende, disponible en RTVE Play.

 

 

Enlace a lo que escribí sobre el Planeta y el Nadal:

https://nomadassquare.blogspot.com/2016/08/premios-literarios.html

 

Tráiler de La casa de los espíritus:

https://www.youtube.com/watch?v=M2ieDUyOEEo

 

Tráiler de De amor y de sombra:

https://www.youtube.com/watch?v=Gu2b1BKfGLY

 

Tráiler de Los mil días de Allende:

https://www.youtube.com/watch?v=SL2VwwzJFwM



Procedencia de las imágenes:

https://www.isabelallende.com/

https://www.zendalibros.com/la-casa-de-los-espiritus-cumple-40-anos/


sábado, 10 de octubre de 2026

ZUSAMMEN ODER GETRENNT?

Esta es una frase que pronuncian en Alemania cuando pides la cuenta (Bezahlen, bitte!). Es la disyuntiva entre pagar juntos o por separado. Lo normal suele ser que cada cual abone lo que ha consumido, que redondee y santas pascuas.

Aquí no está tan claro. Es más que frecuente que sea alguien el pagano (normalmente el que invita es el del cumpleaños, el más rumboso, el que quiere quedar bien...). Pero cuando se va en grupo de iguales (amigos, compañeros de trabajo...) la cosa varía. Veamos algunos casos.

Cena de compañeros de curro. Se pide a voluntad, se comparte o cada cual lo que le apetece: unos solomillo, otros una ensalada. Hay quien solicita agua y otros una botella de buen vino. Unos toman café y postre, incluso copa, mientras que hay quien ya ha tenido bastante. Llega la cuenta: nueve personas, 360 €. Es fácil: 40 a escote. Ya, pero es que quien ha pedido una ensalada y una botella de agua ha consumido 13 €, al contrario que los del dispendio en carnes caras y vinos aún más caros, incluso con escocés al final; su factura particular sería de 68. Y, claro, a escote, a subvencionar el desmadre.

Algunos protestan y los más callan. Creo que los primeros tienen razón. Es más, debería salir de los que han comido y bebido el triple, no deberían consentir que los otros paguen sus caprichos. Lo normal no es. La primera vez que lo vi estaba terminando mis estudios y carecía de ingresos: cena colectiva, solo uno trabajaba, pedimos bocadillos y una cerveza, pero un individuo, el novio de una de las compañeras, ya curraba: pidió una sepia, ración de bravas, dos cervezas y postre. Por supuesto, a escote. Le salió barata la cena a costa de los pobres.

Pocos años después volví a verlo. Cena de profesores. Se pide para beber vino refrescante rosado, 5 € la botella. El catedrático de Matemáticas pide un vino de 30 €, que beben él y los de alrededor, y luego otra. Ya no me apunté a ninguna cena en la que estuviese ese ser que, decía él, “no bebía jarabes”.

Hay personas a las que da vergüenza decir que solo van a pagar lo que coman y eso les cuesta caro. Hay personas con alergias, vegetarianas, abstemias, lo que sea, que no tienen por qué subvencionar los deseos de las demás. Y deben decirlo. Es más, debe salir de los consumidores de mayor rango. Y, si no, tomemos ejemplo de los alemanes: juntos no, mejor por separado. O comer de menú: ahí todos lo mismo, zusammen.

Leí hace unos meses la queja de una trabajadora que se quejaba de eso cuando salían a cenar los compañeros de la empresa. Dos usuarios le respondieron que, si no se atrevía a decir que ella pagaba lo que comía (le dirían de todo), esperase a ver qué pedía el personal y, según lo que fuera,solicitase marisco del mejor. Y, tras el café, el whisky más caro. Cuando alguno de los gorrones se mosquease podría repetir los mantras que antes le decían: somos compañeros, tampoco te vas a arruinar, si vamos juntos pagamos juntos, qué más da unos euros más o menos, no seáis roñosos...

O sea, getrennt.



Procedencia de las imágenes:

https://www.youtube.com/watch?v=hB6TdrSf4ck

https://www.elnacional.cat/es/cultura/es-justo-dividir-cuesta-cena-amigos-partes-iguales_529206_102.html

viernes, 2 de octubre de 2026

VIVIENDA

Soy un tipo afortunado. Tengo una vivienda en propiedad que acabé de pagar hace cuatro años. Por lo tanto, como no tengo deudas, mi vida es confortable.

No así la de unos cuantos que me rodean. Y aún menos la de muchos de mis compatriotas, que viven hacinados o dejándose un sueldo raquítico en cuchitriles infames. Que no todos los caseros son unos especuladores rentistas ya lo sé. No va por ahí.

He vivido de alquiler. Recuerdo, no sé por qué, que mis caseros han sido un escayolista, un albañil retornado de Suiza, un fontanero, un abogado importante y una fundación religiosa. Alquilé cuando aún era razonable, excepto con el abogado, que tenía varios pisitos minúsculos que alquilaba a profesionales a precio nada de amigo (mi vecina era traumatóloga en un piso también del abogado), supongo que para redondear su pensión (es ironía). Sé que el albañil retornado no se dedicaba a otra cosa: comprar, vender, alquilar... El escayolista y el fontanero fueron tipos honrados, los pisos eran más bien malillos, pero yo estaba de paso y el precio era razonable. De la fundación religiosa mejor ni hablo: al principio el alquiler era más o menos ajustado; sé que ahora han subido un 40% a los inquilinos cuyo contrato vencía: “es precio de mercado dijo la administradora”; o sea, argumento lentejas.

Hace casi veinte años empecé a mirar pisos para comprar. Finalmente tuve que renunciar, con mi sueldo de profesor y mis ahorros era imposible y a vivienda protegida no podía acceder porque, según me dijeron “ganaba demasiado”. Así que de alquiler. Cinco años más tarde pude meterme en una hipoteca y entrar en un piso más grande, que necesitaba por razones familiares. Como decía al principio, soy un tipo afortunado: he podido pagarlo antes del plazo que me daba el banco.

Pero la ciudadanía, mucha de la cual está cerca, no puede hacerlo, ni siquiera planteárselo. Y, lo que es fascinante, no entiendo a esos pobres, trabajadores precarios que defienden el látigo que les azota y al usurero que les esquilma.

Por eso iré esta noche a la Puerta del Sol. Porque creo que el artículo 47 de la Constitución Española es de obligado cumplimiento.



Procedencia de la imagen:

https://www.facebook.com/SantJoandeDeuValencia/posts/%EF%B8%8F-la-aprobaci%C3%B3n-de-la-ley-estatal-por-el-derecho-a-la-vivienda-y-el-plan-estatal/5150478681682181/

miércoles, 23 de septiembre de 2026

CANCIONES CON ‘MENSAJE’

Suelo ir al gimnasio. Durante un tiempo me he dedicado a escuchar conferencias y entrevistas, sobre todo Historia, Literatura y Filosofía.

Últimamente estoy más con música. He buscado algunas canciones ‘de mis tiempos’ y luego el algoritmo se encarga de ir reforzando lo que cree que me gusta. Y ahora que ya tengo una edad (o dos), me fijo mucho en las letras, que en su tiempo parecían románticas y seguramente eran tóxicas y desde luego machistas. Algunas son absolutamente deleznables y transmiten mensajes de difícil admisión. Recuerdo que hace poco le preguntaron a Pablo Abraira por su canción “Gavilán o paloma” y dijo (hablo de memoria) que le daba vergüenza cantar eso de “Amada mía, adúltera, mi gran amor, mi niña mimada...”. Claro que en “O tú o nada” ya lo dice todo; pues no: o tú o bien la vida sin ti, o con otra, o con ninguna, o con el Pato Donald.

Me aparece mucho “El jardín prohibido”, de Sandro Giacobbe, un guaperas italiano, que decía que se había acostado con tu amiga, pero que tú tranquila, él pensaba en ti: “La vida es así, no la he inventado yo”. O sea, golfería con justificante para evitar la mala conciencia.

Umberto Tozzi compuso “Yo caminaré”, que hizo célebre por aquí Fausto Leali. Escuchamos cosas como “Yo te sembraré, tú germinarás, y al final descansaré cuando tú me des un hijo tuyo, mío, nuestro”. De metáforas andaba algo renqueante.

El siempre atormentado Richard Cocciante ordenaba: “Y ahora desnúdate, como ya sabes tú, no te equivoques, no me importas tú”.

Claudio Baglioni se atreve a indicarle a su chica esto:“No te cortes el cabello más, come un poco más que estás delgada”. Control, caution.

Y no solo los italianos, esos que parecían estreñidos cuando cantaban. Tal vez algunos recuerden la banda sonora de los primeros tiempos de la Transición. El grupo Jarcha cantó “Libertad sin ira”, en la que se decía que “Yo solo he visto gente que sufre y calla dolor y miedo, gente que solo desea su pan, su hembra y la fiesta en paz”. “Su hembra”: se les coló el machismo, parece que lo de la gente solo se refería a varones.

Los Pecos también tenían lo suyo: “Yo me dormía y al rato moría por estar ausente de ti”, “Solo vivo esperando tu regreso”... Tantas.

Recientemente, me chirría eso de Amaral, cuando dicen que “Sin ti no soy nada”. Mas bien no: sin ti sigo siendo yo, aunque contigo esté aún mejor. Pero eso de que no soy nada...

Mejor no digo nada de esos que cantaban que su amor tiene quince años (Moustaki lo eleva a diecisiete y Claudio Baglioni dice: “Y tú, casi una niña tú”). Ni del que era un truhán y era un señor.

De modo que, ya que estamos mayoritariamente con italianos, nos quedamos con los muy recordados Franco Battiato y Raffaela Carrà, a los que Dios tenga en su gloria musical.



Procedencia de la imagen:

https://img.magnific.com/fotos-premium/lindo-hombre-dibujos-animados-cantante-fondo-blanco-plano-negro-blanco_862994-395660.jpg?w=360