lunes, 26 de julio de 2021

ANDREA MOTIS: "MEDITERRÁNEO"

Por dos veces he asistido a un concierto de esta mujer, de esta jazzista fenomenal, que hace canciones propias y versiones que mejoran el original. Ahí va una:




sábado, 17 de julio de 2021

GORAN BREGOVIC: "BELLA CIAO"

No tengo muchas ganas de escribir, pero sí de escuchar música. Ayer le daba vueltas a esta maravillosa versión del "Bella Ciao". 





martes, 22 de junio de 2021

BACH UNA MAÑANA DE MARTES

Porque a estas alturas de mi vida busco aún el bien, la verdad y la belleza. Porque estoy cansado y necesito esta plenitud y serenidad que solo Bach proporciona. Porque lo llamaban el músico de Dios y es probable que Dios exista en esta música y -al menos- en esta mañana de martes. Y porque sí.




 

jueves, 10 de junio de 2021

PLACERES BÁSICOS

Debe ser porque se aproximan las vacaciones y mi cabeza está de mudanza: se van las obligaciones, el papeleo, los horarios… Quedan tres semanas.

El sábado suelo despertarme a la misma indecente hora de ir a trabajar. Me siento en la cama, me pongo a leer y dejo que el frescor de la mañana entre dulcemente. Tras un buen rato de lectura perezosa, hago un zumo natural y me sigue sorprendiendo su intenso sabor, tan ajeno a esos envasados que suelo tomar rápidamente a diario. Noto que en el silencio me produce un extraño placer el sonido del cuchillo atravesando el pan que voy a tostar con la intermediación de la mantequilla y la mermelada.

Tengo ganas de dedicar todo el día a disfrutar de esos placeres básicos, sensitivos.

He comprado unos auriculares inalámbricos para ver películas por la noche desde la terraza sin molestar a los vecinos. Me encanta disfrutar de las sutilezas de una magnífica serie o película, me relamo pensando en las noches que me esperan.

Hace poco me acerqué a Mercadona. La zona de frutas y verduras me expulsó: no olía a nada, absolutamente a nada. Pero cuando huía de allí me asaltó a la pituitaria el inequívoco aroma a jamón recién cortado. Algo que huele así de bien no puede estar malo. Pedí unas lonchas y hablé con el empleado sobre los olores de la comida y le dije que me había cruzado con algunas personas cuya compañía no hubiera soportado mucho tiempo: a suciedad antigua, a ropa que no se lava apenas. Creo que el de lo alto me ha dado cierta sensibilidad olfativa, aunque que me va privando año tras año de audición y agudeza visual. Pero ser fino de nariz no es siempre agradable.

Por la noche suelo dar un agradable paseo por la zona más fresca de la ciudad en la que vivo. Después, en la cama, sábanas limpias y pijamas menos sustanciosos. Recuerdo algo que me ocurrió hace… ejem, muchos años. Estaba haciendo la mili, una semana durmiendo al raso, bajo el intenso frío en invierno y otra con un asfixiante calor en verano, con muy poca agua y nada de higiene persona. El saco de dormir debía tener mugre de la primera guerra carlista. Una noche en el monte pensé que no apreciamos el tacto maravilloso del algodón de las sábanas. Lo que eché de menos aquellas noches no fue la temperatura adecuada, sino el tacto de la tela y los sonidos arrancados cuando mi cuerpo aprovecha su contacto.  Me propuse dar importancia a algo tan básico como su textura, su olor a limpio. Me sigue pareciendo algo maravilloso.

Estos días pienso mucho en esos placeres básicos: en el silencio de la mañana cuando me asomo y ni siquiera el viento mece las copas de los árboles. En el silencio nocturno que solo interrumpe el croar de unas ranas que habitan en un canal próximo a mi casa.

Echo de menos la compañía y la conversación con algunas personas. Palabras y sorbos reposados, lentitud, sonrisas, palabras inteligentes. Antes de la pandemia comía con unos compañeros una vez al mes. Comidas alegres. Echamos de menos a R, un tipo bueno, grandón, alegre como pocos, que se pasaba de la raya en lo que se refiere a comida y a su contundencia en grasas y colesteroles varios. Nos regaló su amistad, su buen hacer profesional, su bondad y su ímpetu vital antes de dejarnos para siempre. Todos recordamos que, en el tanatorio, la familia puso un ataúd sin símbolos religiosos y encima una foto suya con su inmensa sonrisa algo sarcástica. Parecía que nos estaba diciendo: venga, vamos a tomar un vino, qué hacemos aquí. Lo recordamos como creo que hay que recordar a las personas que hemos querido: presidiendo mesa, brindando por él y riéndonos. Pero mucho.

Llevamos más de un año de pandemia. Más que nunca, echamos de menos esos placeres básicos. Los más importantes.



Procedencia de la imagen:

https://www.latercera.com/paula/la-biologia-del-placer/