En esa fecha no tenía Facebook. Años después lo abrí. Básicamente, ponía los enlaces al blog. Llegué a tener ¡23 amigos!, de los que interaccionaban media docena, casi siempre con mensajes cortos o algún corazoncito. Lo cerré hace un año, creo recordar. No lo echo de menos.
Tengo una cuenta de Twitter (que ahora se llama X, pero todos seguimos llamando Twitter). Bueno, tengo dos: una con este nick, la originaria, y otra que abrí en el verano de 2020, con mi nombre, para hablar de mis libros y hacer algún que otro Umbral... Ahí lo mismo o casi: muy poca interacción , señoritas ligeras de ropas que solo hablan inglés, odiadores de todo tipo, anónimos analfabetos, conspiranoicos varios... He de decir que silencio y bloqueo y que no entro al trapo casi nunca. También es de justicia mencionar que intercambio mensajes con personas inteligentes de las que siempre hay que aprender. De momento seguiré.
Y Wallapop, que no es exactamente una red social. Abrí una cuenta hace algo más de un año. Tenía en casa muchas cosas que ya no usaba, mías y de familiares que ya no están y he ido guardando en el trastero. No ha ido mal, la verdad es que se han vendido muchas, no soy carero y prefiero hacer hueco. Me asombra que algunos objetos, que casi me daba vergüenza poner, eran una joya para algunos.
Recuerdo un MP3, que compró un padre para su hijo, friki de estas cosas, 8 €. Una mujer algo mayor que yo compró mi vieja máquina de escribir Olivetti Lettera 42 (en perfecto estado) porque iba buscando una que fuera igual a la que utilizó ella para aprender; estaba ilusionadísima, 25 €. También me deshice de mi máquina de fotos digital (95 €), que adquirió una joven a la que pareció un regalo. Lo mismo que la Olympus analógica, que llevaba en el trastero veinte años. Una fan de ese formato se la llevó muy feliz por 75 €. También algunos libros, de esos que ni has leído ni vas a leer nunca, pero que hay por ahí quien los busca.
También he comprado, algo menos. Vi una colección completa de Mozart que adquirí para mi pareja a una treintañera que se mudaba a 400 kilómetros y quería irse con lo mínimo. Varios libros han engrosado mi biblioteca, algunos imposibles de encontrar, otros simplemente por su precio y unos pocos porque misteriosamente han desaparecido de mi biblioteca (mudanzas, préstamos a quien no devuelve...).
Lo del chat ya es otro nivel. Seré justo: el 90% de la gente es educadísima. Pero también está ese otro porcentaje, sin duda como fuera de esta aplicación. A algunos casi ni les entendía por su catastrófica ortografía y sintaxis, pero eso es perdonable, no conocemos las circunstancias ni procedencia de cada cual. Los hay que ni saludan, ni hola, ni adiós... Hay quien hace mil preguntas: peso exacto, medidas, pide más fotos, el año de una moneda...; correcto, lo hago, lo malo es que se lo doy y... el silencio. Otros se muestran interesadísimos, pero nunca acaban de hacer la compra y finalmente desaparecen. Hubo un tipo que protestó porque el reloj que quería medía 2 milímetros menos de lo que yo indicaba, pero tampoco quiso devolverlo; es más, lo vende por más dinero. De esos hay muchos: intentan comprar barato para vender más caro. También abundan los regateadores. El producto más caro que vendí era una pluma Mont Blanc nueva, cuesta más de 1000 € en tienda; la puse por 600 y me ofrecieron 299, 310, 414... Sí esas cifras existen y los hay que regatean medio euro. O quienes quieren que quedemos en Madrid para que se lo dé en mano (unas monedas, 8€) y así se ahorran el envío. Un italiano me contactó por una cazuela de hierro forjado: 23 €. Pues decía que 18 porque le cuesta el envío y que en la tienda la ha visto por 39. En mi ciudad me escribió una mujer para ofrecerme 15 y me la compraba ese mismo día ¡y en efectivo! Siempre pongo: precio no negociable, pero como si nada. Los que mas rabia me dan son los ausentes, los que se interesan por algo, dicen que lo van a comprar, pero pasa el tiempo y, al mes, te vuelven a preguntar y así un tiempo. A la segunda los bloqueo. Tampoco hay que obviar a los que te piden el teléfono (¡nunca hay que darlo!) o los que te dicen que te pagarán por Bizum (aún menos). Sé de uno que quería comprar un somier, pero decía no poder ir, de modo que mandaría a una amiga con una furgoneta y el pagaría por bizum por la noche. Esto... ¡bloqueo! Conviene mirar las valoraciones y reportar si es el caso. La plataforma me advirtió de dos supuestos compradores a los que había echado por prácticas fraudulentas.
Bueno, basta de rollos. Lo que acabo de escribir no es nada extraordinario, sino la sociedad en la que vivimos. La gente, por regla general, es buena y honrada, pero luego están esos, pocos, que hacen mucho ruido e incesante mal. Y están en Wallapop, en Twitter y en la panadería, intentando colarse. Me gusta ser confiado, pero evito ser un primo, no siempre lo consigo.
Procedencia de la imagen:
https://www.bluestacks.com/es/apps/shopping/wallapop-on-pc.html