Vistas de página en total

viernes, 9 de agosto de 2024

'ELOGIO DE LAS MANOS'

“Para escribir, mejor o peor, solo hace falta querer hacerlo”
Jesús Carrasco


Elogio de las manos me ha encantado. Ni sabía que Carrasco había escrito un nuevo libro hasta que escuché una entrevista con el, creo recordad que en RNE. Escucharlo fue un placer y leerlo... aún más.

Es el tercer libro suyo que pasa por mis manos. Me falta La tierra que pisamos, que haré mío esta misma mañana si lo tienen en la biblioteca cuando devuelva este.

Comencé por Intemperie, no sé si por azar o si alguien me habló de él. Me pareció soberbio y me extrañó que alguien que escribe tan bien no tuviera más obra publicada. Lo recomiendo vivamente, me pareció una síntesis entre Miguel Delibes y Cormac McCarthy. Es un libro áspero, rural, terrible en su temática. No creo que lo relea por esto último, pero desde luego, como La carretera, de McCarthy, excelente.

También disfruté con Llévame a casa, historia familiar de afectos, desafectos, expectativas, pérdida, crepúsculos... Duro, pero no terrible. Nos reconocemos en la historia.

Y en tres días, aprovechando el intenso calor que nos recluye en casa, he leído Elogio de las manos. ¿Es una novela? No, exactamente no. Dicen que pertenece a la autoficción, no sé cuanto hay de realidad y cuanto de invención. Y, la verdad, no me importa.

Le han dado el Premio  Biblioteca Breve, que cuenta entre los agasajados con enormes títulos y otros que no tanto, incluso algunos sonrojantes. Pero este lo merece, claro que sí. La historia, si se puede llamar así, es la de la familia del autor, a la que prestan una casa en el sur que será derribada pronto, para que hagan uso de ella a la espera de su demolición. Pero pasan diez años y ellos van habitándola, cambiando, sus hijas van creciendo y los mayores envejeciendo, conocen a gente del pueblo... Y trabajan en ella, trabajan manualmente, hacen lo que saben y lo que no. Y esta es la historia, ese elogio del trabajo manual, del admirable trabajo bien hecho de quien sabe su oficio y lo ejerce.

Carrasco nos habla de su padre, ese maestro que indujo a sus hijos a utilizar las manos, de Bones y su caballo Pérez, de su cuñado, de Anaïs... Y, de paso, cuenta historias de generosidad como la de Mayoyi y la convivencia con los animales, algo más que mascotas.

No sé explicarlo mejor. A mí Carrasco me interesa escriba lo que escriba, siento que lo hace para mí, me identifico con el grueso de su narración y con sus digresiones, de modo que este modesto bloguero lo recomienda vivamente, porque, como dice el autor en este libro, me gusta “leer sin notar asperezas”.

 


Procedencia de la imagen:

https://www.casadellibro.com/libro-elogio-de-las-manos/9788432243318/15859986



domingo, 4 de agosto de 2024

CONCLUSIONES DEL MES QUE HA TERMINADO

Aprovechando el verano, pongo orden, reviso y tiro. Encuentro entre papeles viejos un escrito que debe ser de un claustro. Antiquísimo, a juzgar por lo amarillo del papel, aunque no indica fecha; está en una hoja arrancada a una agenda (¿escolar?) y su encabezamiento (de imprenta) dice esto: Conclusiones del mes que ha terminado. Debió ser un mal día y seguramente un mal año. Transcribo lo que escribí allí:

Conclusiones, dicen. Lo que quiero concluir es esto. De una vez. Para siempre. En este primer claustro, tan absurdo y vacío, tan hinchado… Ya es lo normal, lo previsible: otra vez tiempo perdido. Bienvenidos, lee el acta, como siempre. Y qué, nadie hace caso. Dios, otra vez los mismos lugares comunes, la cosmética, solo falta que pidan ovación cerrada, qué bien lo hacemos todo, fetén, chachi piruli, vaya. Me he quitado las gafas, así escucho peor y me evado en la niebla de mi miopía. El diagnóstico de todos estos años me dice que no me fíe. Postureo, somos perros viejos, siempre acuden al comodín de la vocación y el voluntarismo, milagros que maquillan. Tras la trinchera solo está el páramo de la ignorancia y el desdén. Demasiada energía para nada, yo creo que busco un centro de gravedad permanente, otra vida, o tal vez ser nómada, ya que quieren obligarme a hablar un lenguaje que me niego a utilizar y que no comprendo. No sé si esos que dicen lo que dicen lo creen o creen que lo creen, tal vez han de hacerlo porque va en el sueldo, supongo que más alto que el mío, la neolengua se remunera bien. Yo tengo poca fe y escasos motivos para aceptar que con poco se puede hacer mucho. Lo importante no importa, la vida está en otra parte, la verdad no era esto. Me gustaría que leyeran a Platón, lo del mito de la caverna, los prisioneros atados de pies y manos. Eso somos, o quieren. Sapere aude. Se acaba el papel.



Procedencia de la imagen:

https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/edublog/ceipalcaldediegotrujillorodriguez/?page_id=34

domingo, 28 de julio de 2024

LOGOKUPAS

El palabro en cuestión lo acabo de inventar. Pero creo que se entiende bien.

La conversación es un bien preciado, algo que valoro sobremanera. Hablo de conversación en sentido genuino, diálogo en el que los intervinientes tienen algo que aportar y/o aprender. No es lo habitual: en muchos casos permanezco callado y solo respondo con monosílabos (y huyo en cuanto puedo) de esos intercambios verbales en los que no se cumplen esas condiciones que mencionaba antes.

Esos tipos (y tipas) no escuchan. Creo que es uno de lo principales problemas.

En algún caso se trata de machoalfismo (también hay variante femenina): ese que todo lo sabe, de lo suyo y de lo tuyo, de astronomía, de montar muebles y de la reproducción de los caimanes en los afluentes del Duero. Deberían poner una universidad o fundar una escuela con prosélitos. Saturan.

Otro caso es el del fundamentalista sectario, en sus variantes política y religiosa. Ellos saben la verdad, son la solución, el bien y la única posibilidad. Son peligrosos, además de enormemente plastas. No hay modo de hablar con ellos de otra cosa que no sea su tema, su obsesión. Por supuesto, tú estás equivocado porque tienes opinión, mientras que ellos tienen todas las certezas. Iluminados, conspiranoicos. Hay que evitarlos.

Una variante curiosa de esos logokupas es la de aquellas personas que no hacen pausas, que casi no respiran al hablar. Tienen esa rara cualidad, igual toman aire por las orejas. Por eso, como no hay espacio entre una frase y otra, es imposible intervenir. Lo suyo es un monólogo explosivo, una catarata, una ametralladora de frases. Tú solo eres un despreciable decorado.

Otra variante deleznable son los cotillas y enmedadores. Hace poco leí un tuit en el que alguien decía que si estás en una conversación en la que se está poniendo a caldo a alguien ausente, si te marchas el objeto del escarnio serás inmediatamente tú. A estas alturas de mi vida esto me importa una higa  y más viviendo de esta gente que se dedica a hablar mal de alguien porque no son capaces de hablar bien de nada. Triste existencia la suya.

No obstante, he aprendido a tolerar a un grupo de personas que repiten machaconamente unas historias del pasado que tan solo interesan a ellos en su evocación infinita. Normalmente son gente mayor (ay: yo cada vez más) y se les debe perdonar y escuchar como si fuera la primera vez que te lo cuentan. La soledad suele ser su compañera cotidiana. Tampoco escuchan más que a sus recuerdos y te pueden preguntar lo que les acabas de decir, pero no importa, en este caso no.

Podría seguir. Dicen algunos que me conocen que soy un poco misantrópico. Creo que no es del todo cierto (algo sí): simplemente huyo de esos logokupas porque prefiero la compañía de un buen libro.

El primer signo de respeto hacia el otro es la escucha activa y de eso hay poco. No digo que me escuchen, a menudo no tengo nada que decir y sí mucho que aprender, sino que no se debe monopolizar groseramente la conversación; si hay alguien al otro lado es un interlocutor digno de atención y de palabra. Casi mejor que se compren un espejo, que se vayan a predicar o que, como hacen en Londres, alquilen un Speaking Corner.



Procedencia de la imagen:
https://es.dreamstime.com/illustration/conversaci%C3%B3n.html

lunes, 22 de julio de 2024

MIOPÍA

El miope está enclavado raramente en el mundo, desinstalado, balbuceante en su sentimentalidad o en su sensitividad neblinosa. nada es nítido, solo hay geometrías irrelevantes, tipos gráficos bipolares.

Conversa con letraheridos torpes, tiene propiedades y bolsillos como cajones desfondados.

Las lentes no son necesarias. Besan de menos, dilapidan y confunden.

Ahora que he puesto por fin las gafas en su lugar, salgo de la caverna y el mundo sigue equívoco y promiscuo. Perplejo en la calle, espero que el día siguiente sea distinto. Sé que no. Cruzo el umbral.



Procedencia de la imagen:

https://www.lentesdecontacto365.es/blog/miopia-magma


jueves, 18 de julio de 2024

SOBRE NIETZSCHE


Nietzsche nunca espera al final.

Nunca es moderador.

La voluntad de poder es un imperativo de intensificación de la vida.

Ramiro de Maeztu lee a Nietzsche en 1898 y dice: “Hay que ir a Berlín”.

Hay que liberarlo de la posmodernidad de sus intérpretes. Demasiados Nietzsches. Imposible.

¿Fue un ilustrado? Queremos creerlo. Y que resuciten Derrida y Deleuze para fustigarnos.



Procedencia de la imagen:

https://es.wikipedia.org/wiki/Retrato_de_Friedrich_Nietzsche


jueves, 11 de julio de 2024

GRITOS Y POCOS SUSURROS



No sé yo si, como quería Platón, la virtud puede enseñarse. Es posible que sí, quiero creerlo. No obstante, algunos ciudadanos lo ponen difícil. Especialmente los gritones, los ruidosos, los que, tal día como hoy, pasan en moto bajo mi ventana, se detienen y empiezan a petardear un buen rato, debe ser que están enfadados por levantarse a las cinco (eran las cinco) y lo tenemos que pagar los demás. Lo mismo digo de los que volvían de su juerga del miércoles pasadas las dos con coche ruidoso y música a todo trapo. Qué decir del que decide tirar las botellas al contenedor (loable acto)... antes de irse a trabajar, así como a las seis de la mañana.

El martes hubo explosión de júbilo por la victoria española frente a la selección francesa de fútbol. Nada que objetar, salvo que siempre es mucho ruido, demasiado, demasiado tiempo. Un chaval gritó: “¡Arriba España!”. Prefiero suponer que sin saber lo que decía. Estuve a punto de gritar yo también que un poco más arriba está Francia, y algo más Reino Unido. Pero para qué.

Y aquí estoy, muerto de cansancio y sin posibilidad de siesta (recados inaplazables).

Ay, ciudadanos, vecinos. ¿Es mucho pedir algo más de sosiego? Porque lo de respeto y pensar en los demás lo doy por perdido. Hace mucho tiempo.