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lunes, 20 de abril de 2026

ELOGIO DEL EXPERTO

Pues sí, tras el novato viene el experto. Experto es el que sabe, el que sabe de verdad, no el que dice que sabe, sino el que sabe.

Soy experto en casi nada, apenas algo relacionado con la educación. Aficionado a la literatura, el cine y otras veleidades, pero lejos del nivel experto. Y en otros ámbitos de la vida y el conocimiento soy más bien un lego.

En redes sociales sigo a expertos. A los de verdad. A veces se asoman cantamañanas sin sentido del ridículo que me dicen cómo he de dar clase. Ellos, que no se han asomado a un instituto desde que lo abandonaron. Todo lo más, pontifican desde algún cursito ad hoc y nos riñen porque objetamos a sus adánicas y ridículas propuestas. Curiosamente, nunca se toca el tema de la financiación, la ratio y otras cuestiones menos agelicales y más materiales. No: los expertos son los que entran cada día al aula y reflexionan críticamente sobre lo que es mejorable. Estos sí que saben.

También sigo a científicos, médicos, nutricionistas, etc. A menudo se topan con gurús de lo que sea, que sostienen que la tierra es plana, que las cremas protectoras causan cáncer, que las vacunas son lo peor, que nos fumigan... Hace unos días, un terraplanista (futbolista retirado como currículum) le decía a un dermatólogo que lo que él decía no le valía. Insisto: no le valía. Era justamente lo contrario de sus absurdas hipótesis, pero no le valía, por muchos datos que lo respaldasen.

Son creencias frente a la ciencia, que se halla respaldada por investigaciones sólidas. Por su puesto, la ciencia se equivoca a veces, pero esto, lejos de ser un demérito, es una virtud, porque se corrige y mejora (véase el método científico y notablemente el falsacionismo popperiano), lo que es imposible con una creencia arraigada, que resiste el embate de la evidencia porque no genera mecanismos de contrastación, solo hay verificación. Igual es que, para ellos, reconocer el error, apearnos de nuestra supuesta sabiduría y reconocer la común condición de ignorantes (lo somos todos) es demasiado pedir.

Así que, aunque los expertos se pueden equivocar, siempre será mejor escuchar al que sabe que al que dice que sabe. Siempre será mejor al que reconoce un error que al que nunca se equivoca (eso dice).

Si no fuera porque son peligrosos serían ridículamente cómicos. Pero no: sus tonterías tienen consecuencias.

Por cierto, son adalides del pensamiento crítico, pero se enfadan sobremanera si haces crítica de lo que dicen. Qué raro...



Procedencia de las imágenes:

https://yellowglobalsolutions.com/opinion-de-experto-calificado-expert-opinion-letter/

https://eleazar.es/cantamananas/los-cantamananas/

lunes, 13 de abril de 2026

ELOGIO DEL NOVATO

Todos hemos sido novatos. En la vida desde luego: en el trabajo, en las relaciones afectivas, cuando éramos estudiantes... Siempre.

He pensado en esto porque veo frecuentemente coches de autoescuela con jóvenes (a veces no tanto) muy concentrados en su tarea, atentos a las señales, a los pasos de cebra, a los semáforos. A su lado, el profesor que nunca parece asustado, pese a que no es fácil su paciente tarea. Luego veo también a descerebrados al volante que parecen haber olvidado esas lecciones de prudencia y respeto. Mi profesor de autoescuela nos dijo que no olvidásemos nunca que un coche puede ser una máquina de matar y de morir. Yo no soy el mejor conductor del mundo, pero no lo he olvidado.

Mi primer trabajo fue en un hipermercado. Horrible. Y no porque el trabajo en sí fuera malo, lo espantoso eran las condiciones del trabajo y el mal bicho que en teoría era mi formador. Duré dos meses y durante una semana no vi la luz del sol (entraba y salía de noche, agosto). Yo era joven y novato, intentaba hacer las cosas bien, pero el estrés, la presión y, como digo, ese individuo cuyo nombre y rostro he olvidado afortunadamente, me condujeron a la salida. En otras circunstancias seguiría allí, pero en la enseñanza no me ha ido mal. (Nota al margen: en el híper conocí a una joven que promocionaba el Martini, de la que me hubiera enamorado si no fuera porque otra joven me rondaba el corazón; al final, la soledad se impuso).

También fui profesor novato. He de decir que tuve más suerte y buenos compañeros, salvo los indeseables que hay en cualquier profesión y que intentan escaquearse a tu costa. He intentado ser amable y colaborador con los novatos, que llegan cargados de conocimiento fresco e ilusión. A veces son un poco ilusos, pero seguramente ellos piensan que los veteranos estamos resabiados y algo amargados. Tenemos que enseñarles, claro que sí, y también aprender de esa sangre nueva que quiere hacer las cosas bien.

En el amor he sido novato. Cada vez. Aquí he aprendido poco y he hecho el ridículo en no pocas ocasiones. Seguramente también he hecho daño, pero estoy orgulloso de no haberlo hecho nunca a propósito, con mala intención. Veo a jóvenes (y no tanto) enamorados y me gusta su ímpetu de vida. Se equivocarán, claro que sí, aunque no soy quien para afeárselo, pues he sido maestro en las lides del error.

Los que hemos sido padres hemos pagado la novatada. Yo solo lo he sido de uno, supongo que se aprende para los otros, pero la vida me ha obsequiado únicamente con un hijo. Creo que su madre y yo no lo hemos hecho mal, aunque el camino de la crianza está repleto de errores por inexperiencia. Te pido perdón, hijo, por todos ellos, y me refugio en esa buena intención que, decía Kant, es lo único bueno sin restricción.

Y nada más. Solo me gustaría añadir que si hay algún novato en esto de comentar en un blog, que no se corte, salvo que sea un fundamentalista, una bestia parda o un vendedor de crecepelos.



Procedencia de la imagen:

https://shepron.es/cuanto-puedes-pagar-de-multa-por-no-llevar-la-l-si-eres-un-conductor-novel/

jueves, 2 de abril de 2026

VACACIONES DE SEMANA SANTA

A este agnóstico (respetuoso) le dejan frío las manifestaciones folclóricas de Semana Santa. No debemos confundirlas con las genuinas creencias, con la religiosidad más pura y menos ostentosa.

Este agnóstico (respetuoso) va a ir a Sagunto, tal vez ya está. Pero no visitará las procesiones cuyos cofrades impiden que las mujeres puedan hacer lo mismo (¡lo mismo!) en nombre de la tradición.

Este agnóstico (respetuoso) come torrijas, ve las películas que nos ponen estos días y recuerda sus días de infancia, cuando era imposible ver otras, cuando en la radio estaba vetada la música ligera, cuando los bares cerraban o no servían carne. Las ve de nuevo y le gustan, la que más Espartaco.

Este agnóstico (respetuoso) siente aprecio por los cristianos de verdad y desprecia a los que lo son a tiempo parcial, a los que necesitan demostrarse estos días (y en Navidad) que son buenas personas: no lo son.

A este agnóstico (respetuoso) le gusta asomarse a la calle y contemplar la quietud, el poco tráfico, la lentitud y la placidez de una ciudad medio vacía.

Este agnóstico (respetuoso) se emociona con la versión que hizo Serrat del poema de Machado. Incluyo el enlace y algunas versiones estupendas: