En la misma hoja de la selectividad de la que hablaba en el post anterior escribí unas palabras, esta vez con lápiz. La letra es infame, de modo que he tenido que traducir. Esto es lo que (creo) hay:
Hace más de un año compré una tele de 42 pulgadas, de plasma, impresionante. Guardé el modelo anterior, de joroba, porque con la llegada de la TDT no había manera de ver algún canal y en otros no aparecía un trozo de pantalla en sus modestas veinte pulgadas.
No me arrepiento de mi decisión, las películas son otra cosa, los partidos aún más espectaculares. El tamaño importa.
Pero no voy a llevar la tele vieja al trastero, sino a encenderla a la hora del Telediario; dedicaré media hora a lanzar sobre ella un zapato tras otro hasta que se escacharre definitivamente. Necesito ese desahogo primitivo y pueril.
A partir de aquí la letra es ilegible. Solo descifro tres expresiones: “no me da la gana”, “dicen los que deciden” y “acompañado de calcetín sudado”.
Por cierto, fue un arrebato sin concreción. El aparato desechado aguantó sin zapatazos en el trastero varios años hasta que lo llevé al punto limpio. Esto que escribí fue en 2012. Trece años después, aquel televisor lo regalé a la hija de unos amigos y llegó a mi casa un modelo de cincuenta pulgadas. Como dije, el tamaño importa.
Procedencia de la imagen:
https://www.infobae.com/america/ciencia-america/2024/06/26/por-que-escribir-a-mano-es-mejor-para-recordar-las-cosas/
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