He pensado en esto porque veo frecuentemente coches de autoescuela con jóvenes (a veces no tanto) muy concentrados en su tarea, atentos a las señales, a los pasos de cebra, a los semáforos. A su lado, el profesor que nunca parece asustado, pese a que no es fácil su paciente tarea. Luego veo también a descerebrados al volante que parecen haber olvidado esas lecciones de prudencia y respeto. Mi profesor de autoescuela nos dijo que no olvidásemos nunca que un coche puede ser una máquina de matar y de morir. Yo no soy el mejor conductor del mundo, pero no lo he olvidado.
Mi primer trabajo fue en un hipermercado. Horrible. Y no porque el trabajo en sí fuera malo, lo espantoso eran las condiciones del trabajo y el mal bicho que en teoría era mi formador. Duré dos meses y durante una semana no vi la luz del sol (entraba y salía de noche, agosto). Yo era joven y novato, intentaba hacer las cosas bien, pero el estrés, la presión y, como digo, ese individuo cuyo nombre y rostro he olvidado afortunadamente, me condujeron a la salida. En otras circunstancias seguiría allí, pero en la enseñanza no me ha ido mal. (Nota al margen: en el híper conocí a una joven que promocionaba el Martini, de la que me hubiera enamorado si no fuera porque otra joven me rondaba el corazón; al final, la soledad se impuso).
También fui profesor novato. He de decir que tuve más suerte y buenos compañeros, salvo los indeseables que hay en cualquier profesión y que intentan escaquearse a tu costa. He intentado ser amable y colaborador con los novatos, que llegan cargados de conocimiento fresco e ilusión. A veces son un poco ilusos, pero seguramente ellos piensan que los veteranos estamos resabiados y algo amargados. Tenemos que enseñarles, claro que sí, y también aprender de esa sangre nueva que quiere hacer las cosas bien.
En el amor he sido novato. Cada vez. Aquí he aprendido poco y he hecho el ridículo en no pocas ocasiones. Seguramente también he hecho daño, pero estoy orgulloso de no haberlo hecho nunca a propósito, con mala intención. Veo a jóvenes (y no tanto) enamorados y me gusta su ímpetu de vida. Se equivocarán, claro que sí, aunque no soy quien para afeárselo, pues he sido maestro en las lides del error.
Los que hemos sido padres hemos pagado la novatada. Yo solo lo he sido de uno, supongo que se aprende para los otros, pero la vida me ha obsequiado únicamente con un hijo. Creo que su madre y yo no lo hemos hecho mal, aunque el camino de la crianza está repleto de errores por inexperiencia. Te pido perdón, hijo, por todos ellos, y me refugio en esa buena intención que, decía Kant, es lo único bueno sin restricción.
Y nada más. Solo me gustaría añadir que si hay algún novato en esto de comentar en un blog, que no se corte, salvo que sea un fundamentalista, una bestia parda o un vendedor de crecepelos.
Procedencia de la imagen:
https://shepron.es/cuanto-puedes-pagar-de-multa-por-no-llevar-la-l-si-eres-un-conductor-novel/
Sintiéndome interpelado por tu último párrafo me lanzo a decirte que, aunque nunca te lo haya dicho, hace años que sigo tus publicaciones. Un abrazo desde lejos
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