
André Comte-Sponville: El alma del ateísmo
La Democracia tiene como propietarios a los ciudadanos. Por eso, parece de sentido común que no es cierto que haya partidos que tienen más oportunidades que otros. Sin embargo, actuamos como así fuera: sólo PSOE y PP parecen erigirse en formaciones con posibilidades. Y los demás, comparsas chapuceros de una función en la que únicamente pueden ejercer de coristas.
Y no. Esos partidos vienen enseñoreándose de la vida pública española desde hace tiempo. Vienen mangoneando, mintiendo, mostrando su ineptitud y chalaneando con los periféricos por un quítame allá esas competencias. Los votantes votan más o menos con la nariz tapada o argumentan (?) que, siendo malo aquél al que votan, con el otro sería peor. O sea, que admiten el mal, pero prefieren lo malo a lo malísimo. A esto se le llama democracia de calidad…
Hay por ahí rondando ciertos partidos que, especialmente en las elecciones municipales, dan la nota. No por pintorescos (que algunos lo son, y mucho), sino porque no cejan en su empeño convocatoria tras convocatoria. Algunos tienen una implantación muy local, sus miembros son personas cercanas a las que te encuentras en el bar o en un banco de la Plaza Mayor. Me molesta que se menosprecie a estos tipos que no piensan bajo siglas, sino bajo los soportales de su pueblo. Muchos de los candidatos no tienen formación universitaria, ni másteres en relaciones internacionales ni el apoyo de más aparato que el de su familia y amigos; y no siempre. Pero su pueblo o su ciudad son ellos. Las elecciones les pertenecen a ellos también. Se presentan, y es de justicia tenerlos en cuenta: no son un exótico invitado.
Por cierto, y añado esto a modo de apostilla: ¿por qué mantenemos unos parlamentos autonómicos especializados en crear problemas y no resolver ninguno?, ¿por qué no nos han preguntado a buena parte de los españoles si queríamos estas autonomías de la señorita pepis en lugar de imponerlas por las bravas?
Dicho de otro modo: servidor de ustedes votará a su ayuntamiento, pero no a ese engendro autonómico que no me representa. Del mismo modo que voto al Congreso, pero no al Senado, cámara inútil y prescindible de origen patricio y reconvertida ahora en cámara de representación territorial. Léase bien: “representación territorial”. Yo creí que los sujetos de la democracia eran los individuos, los ciudadanos, no las hectáreas.
No necesitamos un día de reflexión. Necesitamos reflexión.



