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jueves, 12 de mayo de 2011

ELOGIO DE LOS PARTIDOS PEQUEÑOS


"La democracia no es la ausencia de conflictos; es una manera de asumirlos y de resolverlos –sin abolirlos- de otra forma que con la violencia. Una elección vale más que la guerra civil. Un parlamento, más que un tirano. Hace falta además que existan varios partidos distintos, que no se oponen más que por naderías. ¿Para qué sirve, si no, el sufragio universal?"

André Comte-Sponville: El alma del ateísmo


La Democracia tiene como propietarios a los ciudadanos. Por eso, parece de sentido común que no es cierto que haya partidos que tienen más oportunidades que otros. Sin embargo, actuamos como así fuera: sólo PSOE y PP parecen erigirse en formaciones con posibilidades. Y los demás, comparsas chapuceros de una función en la que únicamente pueden ejercer de coristas.

Y no. Esos partidos vienen enseñoreándose de la vida pública española desde hace tiempo. Vienen mangoneando, mintiendo, mostrando su ineptitud y chalaneando con los periféricos por un quítame allá esas competencias. Los votantes votan más o menos con la nariz tapada o argumentan (?) que, siendo malo aquél al que votan, con el otro sería peor. O sea, que admiten el mal, pero prefieren lo malo a lo malísimo. A esto se le llama democracia de calidad…

Hay por ahí rondando ciertos partidos que, especialmente en las elecciones municipales, dan la nota. No por pintorescos (que algunos lo son, y mucho), sino porque no cejan en su empeño convocatoria tras convocatoria. Algunos tienen una implantación muy local, sus miembros son personas cercanas a las que te encuentras en el bar o en un banco de la Plaza Mayor. Me molesta que se menosprecie a estos tipos que no piensan bajo siglas, sino bajo los soportales de su pueblo. Muchos de los candidatos no tienen formación universitaria, ni másteres en relaciones internacionales ni el apoyo de más aparato que el de su familia y amigos; y no siempre. Pero su pueblo o su ciudad son ellos. Las elecciones les pertenecen a ellos también. Se presentan, y es de justicia tenerlos en cuenta: no son un exótico invitado.

Por cierto, y añado esto a modo de apostilla: ¿por qué mantenemos unos parlamentos autonómicos especializados en crear problemas y no resolver ninguno?, ¿por qué no nos han preguntado a buena parte de los españoles si queríamos estas autonomías de la señorita pepis en lugar de imponerlas por las bravas?

Dicho de otro modo: servidor de ustedes votará a su ayuntamiento, pero no a ese engendro autonómico que no me representa. Del mismo modo que voto al Congreso, pero no al Senado, cámara inútil y prescindible de origen patricio y reconvertida ahora en cámara de representación territorial. Léase bien: “representación territorial”. Yo creí que los sujetos de la democracia eran los individuos, los ciudadanos, no las hectáreas.

No necesitamos un día de reflexión. Necesitamos reflexión.

domingo, 1 de mayo de 2011

TERROR(ISMO)

“El que mata o tortura sólo conoce una sombra en su victoria: no puede sentirse inocente. Necesita, pues, crear la culpabilidad en la víctima misma para que, en un mundo sin dirección, la culpabilidad general no legitime más que el ejercicio de la fuerza”.

Albert Camus: El hombre rebelde

A las pocas horas del atentado de Marrakech una amiga me manda un correo electrónico, apenas una línea, y un enlace con la noticia. Había estado en ese mismo lugar hace pocas semanas.

No sé qué decir, qué contestar. Cuando hay un atentado, la habitual letanía de palabras de condena y condolencia nos suena de otras muchas veces, y por ello parece que esas palabras han perdido fuerza y contundencia.

He recordado los atentados del 11 de Marzo. He recordado que compré los periódicos al día siguiente y que aún no he sido capaz de leerlos. Un muerto vale lo mismo que otro desde el punto de vista moral, pero psicológicamente no nos tocan igual unos que otros: el hecho de haber estado allí, de haber tomado un café en un lugar que ahora es sólo escombros… eso nos golpea más. No porque los asesinados de un lugar remoto sean menos personas, por supuesto que no. Repito que no se trata de una cuestión moral, sino psicológica: esta sacudida se debe a que de repente somos especialmente conscientes de la fragilidad de la vida y de lo azaroso que es todo lo que acontece en ella, lo expuestos que estamos.

Leí que tras el 11-S el mundo se había vuelto inseguro. No es que antes lo fuera, es que súbitamente abrimos los ojos: no hay países invulnerables ni ciudades seguras: todo lugar es incierto. Nadie está a salvo.

Por aquí creímos que las bombas eran algo que sucedía a los vascos y, de vez en cuando, a madrileños, a policías y militares, luego a los concejales más batalladores. Pero nosotros, como en el poema falsamente atribuído a Brecht, tranquilos, porque no éramos vascos, ni madrileños, ni fuerzas armadas, ni concejales. Y un día descubrimos que también se puede matar a profesores y cocineros, a trabajadores camino del trabajo, a curas y a niños a punto de entrar al colegio.

Alguno, empapado de ese narcótico letal que puede ser el progresismo romántico, pronunciaba no hace mucho (hay quien aún lo hace) insensateces como ésta: ah, que sí, que matan, pero si no les oprimieran, si les dejasen decidir, si hubiese diálogo… En España sabemos mucho de esto; ojalá que no fuera así, pero conocemos el paño. Demasiado.

La versión islámica (que no islamista) tiene alguna similitud: como los etarras, matan en nombre de un absoluto, es decir, de una idea, inconcreta y vaporosa: el pueblo vasco, Dios, Alá… Al igual que ellos, estos iluminados (mal iluminados: cegados más bien) distinguen entre buenos y malos musulmanes, como los etarras distinguen entre buenos vascos (o sea, vascos) y malos vascos (o sea, españolistas).

Un atentado como el de Marrakech tiene dos tipos de víctimas: las primeras, las más importantes, los muertos: indiscutible e injustificable crimen. En segundo lugar, esos otros marroquíes o musulmanes del mundo, a los que se advierte de que no se tolerarán tibiezas: hay unos enemigos, y el que no es un radical bombardero es un traidor o un colaboracionista. Esto es, se tensa la cuerda y el miedo se instala: el magrebí, el árabe, pasa a ser sospechoso y, como consecuencia, él mira con recelo al occidental que lo rechaza por su radicalidad que no tenía, pero que empieza a tener. La espiral es perversa y genera un venenoso efecto dominó.

Y produce miedo, ese aliado tan natural del terrorista: sólo con producir miedo, ya ha triunfado. No han conseguido nunca sus objetivos políticos, pero sí han conseguido que vivamos con la sospecha y el terror en el cuerpo. También, en algunos casos, que crezca el odio donde nunca antes había germinado.

Debemos pensar con claridad. Ellos no, no pueden: el fundamentalismo, la doctrina de la verdad única es incompatible con el pensamiento.


lunes, 25 de abril de 2011

BOLUDECES V: OFERTA SUJETADORES

La foto no es muy buena, pero expone un problema teológico de hondo calado sobre el que hay que meditar ahora que nos abandonamos a la vida corriente. Imagínense a los penitentes o procesionarios (que alguien me ayude al respecto), teniendo que desfilar sin sujetador horas y horas, o soportando los escozores y urticarias de todo tipo de puntillas y rellenos poco adecuados para su pía tarea...

lunes, 18 de abril de 2011

EL FINAL DE ‘RUMBLE FISH’

Por aquí se llamó La ley de la calle, muy mala ¿traducción? de Rumble fish. No es de extrañar que algunos cines se llenaran de moteros ruidosos y macarras, que montaron algún que otro pollo al verse ante peli tan sesuda.

Pocos finales son tan demoledores como el de esta película. Pocas veces sus actores han estado tan brillantes: desde Matt Dillon hasta Mickey Rourke, pasando por un jovencito Nicolas Cage.

Coppola nos cuenta una historia aparentemente banal: Rusty James carece de madre, su padre es un alcohólico y sólo puede mirarse en su mitificado hermano, El chico de la moto, nunca sabemos su verdadero nombre. Ha sido un líder pandillero y Rusty intenta ser como él. El hermano vuelve, escéptico y derrotado, y quiere que Rusty piense por él mismo y llegue a sus propias conclusiones. Pero hay en el más joven demasiado afán, demasiada ceguera, demasiada voluntad de poder (en el sentido más nietzscheano).

Rusty James, en la escena final que culmina un plano secuencia maravilloso en el que se recrea coralmente la película entera, sube a la moto de su hermano y llega por fin al mar, ese paraíso tan deseado, ese télos que culminaría sus anhelos, ese símbolo que quiere poseer. Ya es su hermano, ya está delante del mar.


El plano que ofrece Coppola es terrible: el mar es una pared inasumible que ocupa toda la pantalla, una barrera. No hay libertad y sí el final de un sueño que se ha ido rompiendo a medida que la película se desarrollaba. Rusty se ha golpeado contra la realidad, sus ilusiones no pueden ni siquiera escalarse: ese mar es un límite.

La película se termina y entendemos la conducta, las palabras y también los silencios del chico de la moto.

http://www.youtube.com/watch?v=NIYT3Z13Clk&feature=related

domingo, 10 de abril de 2011

ARROCES

Mira, niña, arroces hay de muchos tipos.

Está el humilde arroz redondo, ese que todos tenemos en casa, proletario, plebeyo, todoterreno. Ideal para paellas, barato, omnipresente. Puede pasarse, hay que tener cuidado.

También tenemos el arroz vaporizado, que es estupendo para los que tienen la cabeza en cualquier sitio y siempre olvidan calcular las proporciones. Con él, las ensaladas nunca fallan. Ni lo que sobra debe tirarse, pues al día siguiente está como recién hecho. Al igual que algunas mujeres, es más delgado, pero aguanta bien: es elegante y tiene un toque de altivez. Como ellas, no se pasa.

Me gusta el arroz bomba, con su punto de belicismo naïf. Un lujo. Con bogavante es exquisito. Más caro, sí, pero como todo exceso. Lo vale. Es delicado pese a su nombre: ha de consumirse con rapidez; es el placer improrrogable.

Tiene su punto exótico el arroz basmati. Oriental , aromático, tan sutil que no parece arroz, sino depósito de especias de Bizancio y Samarkanda. En la proximidad, con los ojos entornados, también tiene un aire de femme fatale.

De modo que, cuando alguien te dice que se te va a pasar el arroz, ¿a cuál se refiere? No eres una proletaria, aunque te dedicas a una tarea difícil e ingrata. Sí parecería que eres como el arroz vaporizado, no es necesario que te explique por qué. También tienes tu punto bomba, ñam ñam, venga el bogavante. Y ese arroz en lengua extraña, esos aromas de tan lejos o tan próximos a la nariz… Mmmmm.

Si vuelve a las andadas, me lo mandas y le hago leer el manual del hombre elegante (quince tomos). Y que lo copie mil veces. Manca finezza.

Recuerda que, como en los arroces, en los hombres hay calidades.

miércoles, 6 de abril de 2011

SALÓ

Saló es una elegante ciudad ribereña del Lago di Garda. Es decadente, hermosa, atesora un pasado que muchos quieren olvidar, ya se sabe: negando, callando. Está llena de hoteles que transpiran historias, bailes con muchas joyas y gente de postín; pero en ellos duermen ahora plácidos turistas alemanes.

Caminando por sus orillas me encuentro con este primer cartel. De inmediato me viene a la cabeza el primer ministro italiano: le va que ni pintado. Los que me acompañan aseguran que no sólo es él: el tejido de Italia está fabricado con hilo que sólo aparentemente es de calidad. Hermanos, pienso, somos hermanos.

Un poco más adelante, el recuerdo a los jueces Falcone y Borsellino me reconcilia con el país. Tratamos como héroes a los que cumplieron con su obligación. Nada más, nada menos. En otros contextos los enterraríamos con el debido llanto de la familia. Pero las sociedades necesitan recordar que, en determinadas situaciones, cumplir con tu deber es cosa de héroes. Y no hay que olvidar. Falcone y Borsellino no miraron para otro lado; qué menos que una calle, un paseo, una explicación a nuestros hijos.