Mi pareja me preguntó si lo había oído. “¿Oído qué?”. Me
señaló con disimulo a una mujer. Le ha dicho a su marido o novio: “Esa zorra me
pone de los nervios”. No lo oí (no es precisamente mi sentido más en forma). La
miré, parecía normal. De inmediato fuimos atendidos, no se si por la zorra
que le ponía de los nervios o por otra. En cualquier caso, muy bien
atendidos. Mientras esperábamos -pocos minutos- leí unos cuantos carteles:
“Espere a ser atendido”.
“Apague su teléfono móvil. No se atenderá a nadie que esté hablando
por el móvil”.
“Silencio, por favor”.
“Si no puede venir, anule la cita”.
“Tu respeto facilita nuestra labor”.
Y pensé que su traducción es: “No se cuele”, “No moleste con
el móvil”, “No hable en voz alta”, “Piense en los demás” y “Respete nuestro
trabajo”.
Íbamos a salir mejores. Pues no, seguimos teniendo sobrecarga
de chonis y canis, de derechos sin deberes, de gritos, de idiotez (ver la
etimología), de egoísmo y de escasez de cualquier virtud cívica.
Conciudadanos, son los sanitarios, los que nos curan y
cuidan. Solo por eso hay que mostrar respeto y agradecimiento. Pero, aunque
solo sea porque son personas: respeto y trato educado a todo el mundo. No es
mucho pedir.
Procedencia de la imagen:
https://www.lavozdealmeria.com/noticia/17/rincon-del-saecio/142003/y-en-el-centro-de-salud-nos-dieron-las-10-y-las-11-y-las-12