No he frecuentado sórdidos bares parisinos para beber absenta y morir joven.
Tampoco he hecho el amor con mujeres de nombres nebulosos sobre la arena de la playa, rodeado de algas y palabras rotundas.
No he visitado prostíbulos ni fumado opio.
Ignoro si en la ciudad en la que vivo hay garitos que cierran de madrugada y devuelven a las calles tipos infames y gloriosos.
Leo a Wittgenstein en lugar de a Rimbaud y a Kant en vez de a Whitman. Lo que más me gusta de Lorca es Poeta en Nueva York y de Antonio Machado su Juan de Mairena.
Nunca llegaré a nada como poeta, todo lo más a participar en unos juegos florales, aunque el premio lo ganará un catedrático de Literatura o algún veinteañero (quizá una joven). Es porque, en realidad, no soy poeta, solo un advenedizo en esto de juntar letras, un okupa discreto y asocial.
Procedencia de la imagen:
https://www.unl.edu.ar/noticias/news/view/la_poes%c3%ada_un_remedio_para_el_alma_y_el_cuerpo
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