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miércoles, 10 de agosto de 2022

CANCIONES DEL NO-VERANO 29: ‘IL Y A’

Me encanta la cadencia de esta canción. Y, una vez descubierta la letra, también, todo un tratado de ontología.

La conocí en la versión de Fréro de Lavega, aunque originalmente la cantó Vanessa Paradis. Ahí van los vídeos de cuatro versiones, el primero, de Vanessa Paradis, subtitulado.

 



https://www.youtube.com/watch?v=Z9-gfutImUs

https://www.youtube.com/watch?v=H8fo-YKCWkQ

https://www.youtube.com/watch?v=WbnH2Zca5bE

lunes, 1 de agosto de 2022

CALOR

Aguanto bien el calor en climas secos. En los húmedos es otra cosa, mi tensión me dice que yuyu, a la sombra, ducha fría y mucho beber. Dicen que hemos pasado el mes de julio más caluroso de la historia. Puede ser.  Yo tengo apuntados unos cuantos veranos muy calurosos, aunque por motivos que no solo tienen que ver con la temperatura.

El primero fue el de 1984. A servidor lo vistieron de verde y lo mandaron todo el verano al Centro de Instrucción de Reclutas de Alicante. Recuerdo que en el campo de maniobras había un árbol, solo uno. Recuerdo también que todos los días volvía a la compañía cubierto de barro y no era precisamente por la lluvia -que no se dignó aparecer-, sino por el sudor mezclado con el polvo del suelo. La infantería es lo que tiene: barrigazos haya lo que haya debajo, pisapiedras, comehormigas. Juré bandera un 19 de agosto. Al sol. Alguno se desmayó. Confieso que yo me mareé y que no recuerdo gran cosa excepto la sensación de irrealidad por la extrema temperatura. Eso sí, escuché al coronel agradecer a las madres que entregasen a la patria a sus hijos. Lo que vino después, en otoño, en la Academia de Infantería de Toledo, aún fue peor. Por otras razones.

Creo que el siguiente verano de calor fue el año 2000, tal vez uno antes o después, da igual. Lo recuerdo porque estaba con mi familia en Alemania, en unas vacaciones. Alquilamos un coche… sin aire acondicionado. Era el último que quedaba en la agencia y nos juraron que no se solía necesitar el aire porque allí nunca hacía demasiado calor. Pero ese verano sí. De modo que con el Volkswagen Polo negro nos fuimos a Praga. Recuerdo una ciudad bellísima y también un paseo en solitario a las 12 de la noche porque el calor de día era insoportable. A esa hora solo había españoles en la calle y tipos que me ofrecían en italiano un cambio de moneda al margen de la ley. Menos mal que no me perdí, lo que en mí es muy frecuente. Las dos semanas siguientes fueron todavía peores y terminaron en lluvias torrenciales y en granizadas que estropearon cultivos, coches y propiedades.

El tercero sí lo recuerdo bien. Me tocó ser tribunal de oposiciones, julio de 2010, en una ciudad castellanomanchega. Todos los días empezábamos a las 8 para aprovechar algo de temperatura civilizada. Por supuesto, sin aire acondicionado. A los diez días, tras protestar por las condiciones de trabajo, nos trajeron un ventilador que tuvimos que montar nosotros. Hubo días de trabajo de 8 a 20 con dos horas para comer y descansar. A la vuelta me metía en la piscina del hotel, no para nadar, simplemente estar en remojo hasta que un empleado me echaba sin piedad, con lo que me refugiaba en la habitación con el aire acondicionado del hotel, bendito sea. Durante las horas de trabajo solía ir a la máquina de bebidas a por una lata de cola porque los mareos fueron el pan nuestro de cada día, así que hice mi trabajo drogado de cafeína y azúcar. Un horror, para nosotros y también para los pobres opositores que se jugaban mucho en unas condiciones indignas. Cuando volvía el fin de semana a mi casa (268 kilómetros) siempre había alguien que me decía eso de qué bien, de vacaciones otra vez, qué suerte… No contestaba nunca, salvo a uno que se puso pesado y le dije de donde venía. Aun así, siguió con la murga: bueno, pero fresquitos con el aire acondicionado. Ahí decidí callar porque la alternativa era la violencia.

También debo sumar a los veranos sofocantes unas vacaciones con mi pareja hace cuatro años al sur de Francia. Como dicen por allí, nos tocó la canicule… El aire acondicionado en los locales ni sabían lo que era, salvo en alguna de esas cadenas de comida rápida en las que -lo confieso, me acuso- nos refugiamos del azote que allí les parecía inusual. Para colmo, a la vuelta, un incendio en la frontera nos obligó a desviarnos y a renunciar a la autopista. Bonitos Pirineos, lástima de un viaje larguísimo y agotador. El recuerdo que tengo de aquel hotel de Gerona es el de un aire acondicionado que acogió a estos exiliados de la canícula.

Y ahora pienso que han pasado muchos años de todo aquello. En mi casa solo tengo aire acondicionado en el salón y lo uso con mucha moderación. Dice el Presidente del Gobierno que no hay que bajar de 27 grados. Pues los que pongo yo. Suficientes para disfrutar de una temperatura agradable con viajes a la nevera mientras escribo. Soy consciente de ser afortunado.


https://www.youtube.com/watch?v=LyCQvyrZzW0



Procedencia de las imágenes:

https://www.preferente.com/noticias-de-turismo/pesimismo-hotelero-alemania-bate-record-de-calor-291282.html

https://www.sudouest.fr/environnement/meteo/canicule-et-fortes-chaleurs-quelles-sont-les-temperatures-attendues-mardi-et-mercredi-11624132.php


 

 

domingo, 17 de julio de 2022

VECINOS DE ARENA

No es que yo sea muy playero, pero un par de semanas al año sí aparezco por el Mediterráneo, que es desde donde escribo ahora. Bajo pronto, no de madrugada, pero siempre antes de las once, a veces poco más tarde de las nueve. Ayer la cosa se complicó y fue más tarde. Ya había mucha gente. Escogimos un hueco en tercera fila.

A la izquierda, un “melendi”. Es decir, un tipo con barba más o menos descuidada y rastas abundantes. Que me perdone el genuino Melendi, pero es que desde lejos era clavaditos. Fumaba, parecían canutos, pero el olor era de tabaco normal. Estaba sentado en una toalla de Coca-Cola y de vez en cuando echaba un trago a su sangría de Mercadona a la que echaba hielo de una neverita. En vaso era uno de estos gigantescos con el logo del PCE. Cuando la bebida estaba muy aguada, la derramaba en la arena y añadía nuevos hielos. Por supuesto, la colilla la apagaba en el suelo y la enterraba a medio centímetro.

Delante, una familia de reguetoneros ruidosos. Dos o tres generaciones, de esos que no hablan en voz baja ni debajo del agua. Afortunadamente, la música que emitían sus móviles no permitía un volumen altísimo, pero sí lo suficiente como para molestar a los que buscamos paz y sosiego.

Seguro que dirían que tienen derecho, todo el mundo parece tener derecho a todo, a cualquier cosa. Supongo que los que enterraron los palillos que me pincharon el pie también tenían derecho, así como todos los fumadores cuyos restos colilleros afloran a centenares en la playa.

He leído que en algunas playas no se puede fumar. Me parece excelente. En primer lugar, por lo que acabo de referir. Además, es un olor francamente desagradable. Se solucionaría si los fumadores fueran a un sitio más apartado, si pidieran permiso a los vecinos de arena. Pero no. Dicen que tienen derecho.

Busqué en mi móvil “Lascia ch’io pianga”, lo puse unos segundos. Después pensé que no merecía la pena. Eso sí, estuve tarareándola toda la mañana con mi voz de contralto afónico. Poco después, di un paseo a lo largo de la playa. Me costó: dos kilómetros con la tensión baja que la humedad acentúa. El “melendi” seguía bebiendo y fumando. La familia reguetonera había apagado la música, menos mal: se oían las olas. Seguí un rato leyendo Los besos, de Manuel Vilas, con gran placer. Yo voy a la playa a leer.

Es verdad que hay pocas papeleras y que están lejos. Aún así: hay gente que las usa, que va hasta allí o que echa en ellas sus desperdicios cuando se marcha a casa. La playa no es democrática más que como metáfora; simplemente, es de todos y la sociedad es así, diversa.

Suelo decir a mis alumnos que las sociedades funcionan porque hay un 80% de ciudadanos que cumplen las normas. Luego están los que se aprovechan de que ese porcentaje haga funcionar las cosas. Ellos creen que tienen derechos, pero no: el ciudadano tiene derechos porque tiene deberes y al revés.





Procedencia de la imagen:
https://www.sunamis.com/tienda/funda-sombrilla-playa/funda-sombrilla-mar-en-calma/



domingo, 10 de julio de 2022

EN EL CENTRO DE SALUD

Hace no mucho tuvimos que ir a un centro de salud. Tras la visita al médico, tocaba pedir una cita. Nos acercamos al mostrador en el que tres mujeres atendían a la media docena de usuarios de la sanidad que estábamos allí.

Mi pareja me preguntó si lo había oído. “¿Oído qué?”. Me señaló con disimulo a una mujer. Le ha dicho a su marido o novio: “Esa zorra me pone de los nervios”. No lo oí (no es precisamente mi sentido más en forma). La miré, parecía normal. De inmediato fuimos atendidos, no se si por la zorra que le ponía de los nervios o por otra. En cualquier caso, muy bien atendidos. Mientras esperábamos -pocos minutos- leí unos cuantos carteles:

“Espere a ser atendido”.

“Apague su teléfono móvil. No se atenderá a nadie que esté hablando por el móvil”.

“Silencio, por favor”.

“Si no puede venir, anule la cita”.

“Tu respeto facilita nuestra labor”.

Y pensé que su traducción es: “No se cuele”, “No moleste con el móvil”, “No hable en voz alta”, “Piense en los demás” y “Respete nuestro trabajo”.

Íbamos a salir mejores. Pues no, seguimos teniendo sobrecarga de chonis y canis, de derechos sin deberes, de gritos, de idiotez (ver la etimología), de egoísmo y de escasez de cualquier virtud cívica.

Conciudadanos, son los sanitarios, los que nos curan y cuidan. Solo por eso hay que mostrar respeto y agradecimiento. Pero, aunque solo sea porque son personas: respeto y trato educado a todo el mundo. No es mucho pedir.



Procedencia de la imagen:

https://www.lavozdealmeria.com/noticia/17/rincon-del-saecio/142003/y-en-el-centro-de-salud-nos-dieron-las-10-y-las-11-y-las-12

martes, 28 de junio de 2022

ARDE ESTE LIBRO

Leí este libro por recomendación de Ana, que conocía al autor. Fernando Marías murió recientemente. 63 años. Siempre una tragedia, desde luego. Tantos libros por escribir…

El libro no tiene sorpresa alguna: en las primeras líneas ya sabemos que lo escribe en homenaje (en recuerdo) de la que fue su pareja durante muchos años y que fue incinerada con una novela de Fernando Marías entre las manos. A partir de ahí, Marías bucea en la historia común, su encuentro en Madrid, su amor lento e intenso, su vivencia de los años de la movida, la escasez crónica de dinero, el paso del tiempo…

El libro es valiente, conmovedor, a veces tan intenso que parece que estás sintiendo lo mismo que él, que ellos. Es desgarrador en algunos párrafos, especialmente la segunda mitad, en la que Marías se enfrenta a las decisiones que tomó, que tomaron, a sus errores, algunos de ellos graves. No es que haya culpa, pero sí una punzada de dolor por lo que pudo ser, por los caminos que llevaban a ninguna parte.

Y en realidad sabemos poco de Verónica. Es el personaje de la novela y, pese a ello, está en sombra. Lo reconoce el autor a veces. Por ejemplo, en estas palabras: “El gran pecado masculino de mi generación, cuyo desconocimiento no exonera de la culpa: posponer para el día siguiente la mirada sobre los anhelos de la compañera” (páginas 83-84).

Me resulta difícil no hacer spoiler. No lo haré. El libro acaba mal. Lo sabemos nada más comenzar. No hay sorpresas. Yo sí lo recomiendo.

 

Algunas frases que he subrayado:

“Pero hacia ti fui. En línea recta y sin dudarlo un instante” (27).

“Resulta imposible, maravillosamente imposible, dejar de desear que quien nos gusta nos guste todavía más. Perseguimos el límite del deseo y, por desgracia, solemos encontrarlo. La felicidad está en ese trayecto”. (28).

“Era mentira, pero fue verdad” (41).

“Tal vez soy un tuareg sin desierto” (75).

“Las palabras pronunciadas en voz alta pasan a ser patrimonio de la realidad” (85).

“Sentarnos en una cama al azar, frente a frente, pedir al dependiente que nos dejase un rato a solas y decirnos cara a cara que estábamos comprando una cama en la cual no íbamos a hacer el amor nunca más” (101).

“Estoy seguro de no ser culpable, pero no tanto de ser inocente” (138).

 


Procedencia de la imagen: 

https://alreveseditorial.com/libros/arde-este-libro



jueves, 9 de junio de 2022

DOS RELATOS FERROVIARIOS


Este post está en obras.


Procedencia de la imagen:

https://www.20minutos.es/noticia/4838960/0/aglomeraciones-y-pasajeros-hacinados-por-la-huelga-de-maquinistas-de-renfe-no-queriamos-normalidad/