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martes, 21 de marzo de 2023

LECTOR (DE POESÍA)

En la entrada anterior decía que soy caminador y esta debería comenzar diciendo que soy lector. Hoy es el Día Mundial de la Poesía, supongo que, al igual que otras efemérides, se necesita recordar a la gente que ese género existe y que es minoritario. Es curioso: es esencial, probablemente sea la literatura, casi estoy por escribirlo con mayúsculas; sin embargo, se lee poco y se vende poquísimo.

Yo sí leo poesía. Y la escribo. O la escribía, quién no. Luego uno se da cuenta de sus limitaciones y comienza a espaciar los versos, a destilarlos. Y queda poco. O nada.

Como todos los adolescentes, me enamoré de la poesía de Pablo Neruda. La repaso ahora y me gusta bastante menos, como si perteneciese a una vida que es de otra persona. De ahí pasé a Vicente Aleixandre, que me sigue buscando, que me interroga y me desafía. Si embargo, nunca he logrado entrar en los versos de Federico García Lorca, si exceptuamos ese libro tan simbólico, tan críptico y con esas imágenes tan poderosas que es Poeta en Nueva York. Algo parecido me pasa con otros absolutamente reconocidos: Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego o Luis Cernuda. Habrá quien me diga que los he leído poco. Y tienen razón.

Tampoco siento demasiado al leer los poemas de Unamuno, aunque sí de Antonio Machado, uno de mis dioses poéticos. También lo es, desde luego, Jaime Gil de Biedma, aunque solo sea por unos pocos versos. Ya decía Borges (otro cuya faceta en prosa me gusta más que en verso) que un buen verso justifica una vida entera (creo que fue él y que sus palabras fueron algo así, hablo de memoria).

De los actuales, el que escribe para mí es Luis García Montero. Me reconozco igualmente en muchos de los versos de Benjamín Prado, me interpelan. Por supuesto, Ángel González, aunque ya no vive; tuve la ocasión de escucharle pocos meses antes de su fallecimiento. También me gusta Manuel Vilas, que se ha pasado a la narrativa. A través de él conocí a Ana María Merino, impresionante, debería conocerse más. Por cierto, Elvira Sastre, que no se me olvide, excelente poeta y no tanto novelista; siempre a mi juicio. Últimamente estoy leyendo a mujeres poetas (Loreto Sesma, Elena Medel, Pilar Adón…), muy jóvenes algunas y me estoy quedando impresionado por la fuerza y la belleza que tiene todo lo que escriben. Nada tienen que envidiar a Ana Rossetti, a Blanca Andreu o Luisa Castro, que son de una generación anterior.

Creo que el último poeta que he leído y que me ha entusiasmado es Vicente Gallego. Ahí lo tengo, a medio leer, esperando.

Leo despacio y, naturalmente, voy a mi aire, sin batir récords, sin imponerme un canon que ni conozco ni quiero abarcar.

Esta tarde iré a un recital. Hay gente que lee muy bien la poesía. Y otros la destrozan.


Serrat canta a Antonio Machado:

https://www.youtube.com/watch?v=pvhhH0gIB38


Bumbury recita a Gil de Biedma:

https://www.youtube.com/watch?v=baP7zStui8U


Elvira Sastre recita uno de sus poemas:

https://www.youtube.com/watch?v=UZo0OWyzlDg


Ángel González lee uno de sus poemas:

https://www.youtube.com/watch?v=oZ3AW7rIjrQ


Luis García Montero recita uno de sus poemas:

https://www.youtube.com/watch?v=q09Ao9EqGgM



martes, 7 de marzo de 2023

CAMINAR


Soy caminador, que es una palabra algo rara, pero que me gusta y que la RAE recoge con este significado: “que camina mucho”. Tengo la suerte de poder resolver casi todos mis asuntos domésticos en un radio de 20 minutos andando y apenas debo conducir. Por eso, procuro caminar, lo que a mi edad es muy conveniente.

Y me fijo en la gente que comparte acera conmigo. Mido más de 1,80 y mi peso, aunque no sea grande, se equipara a los centímetros que levanto por encima del metro. Pues nada, parezco invisible casi siempre.

Hace poco tuve que hacer unas gestiones. Calle Mayor en obras y las aceras reducidas a la mínima expresión. En 200 metros me crucé con varias personas, apenas cabía una, dos muy apretadas. Naturalmente me aparté cuando alguien de mi edad llevaba muy despacio, asida por el brazo, a su madre anciana: es lo debido. Pero pasaron dos chonis voceando y me tuve que arrimar a la entrada de una tienda porque me arrollaban. Lo mismo con un pseudoejecutivo trajeado ocupando toda la superficie útil mientras nos informaba a voz en grito de sus ridículas visitas a clientes. También me crucé con un grupo de adolescentes, otros de voz demasiado alta, que deberían están en clase; aquí salió mi espíritu docente y no me dio la gana hacerme a un lado, así que, cuando ya estaban muy cerca, se arracimaron y uno de ellos me rozó el hombro; por supuesto, no se disculpó.

Hoy algo parecido. Acera estrecha que todavía hace más pequeña una papelera descolgada. Caben dos personas, pero la señora que viene hacia mí por el centro ni se detiene para que pase yo ni se hace a un lado, lo que sí hago yo para que quepamos ambos, pero nada, me tengo que apartar o chocarme contra ella.  Luego me cruzo con dos ancianos que van cogidos de la mano, cada uno con su bastón: ojalá tenga yo esa misma suerte y alguien me cuide y la cuide al llegar a su edad; bajo a la carretera para que pasen cómodamente. «Gracias, joven», me dice ella. Sonrío y respondo: «De nada». Sonríe también un joven altísimo, ante el que me detengo porque me he puesto a pensar en mis cosas y me he quedado empanado, como se dice vulgarmente. Va con su hermano, se parecen. Le pido disculpas, «No te había visto», y asiente risueño: es imposible no verlo. Pienso que él dirá también eso mismo que he escrito antes: la gente no se aparta por muy grande que sea, la educación, la amabilidad, no son muy frecuentes por aquí. Y tiene razón.

Llego a casa, la compra pesa, me voy a nadar. Curiosamente, ahí si veo cortesía cuando varias personas deben compartir la calle en la piscina. Al salir, mi tarjeta no funciona y un treintañero me deja la suya para pasar el torno. Le doy las gracias, entablamos conversación y me dice que la gente de aquí -es de Córdoba- es muy seca y muy cerrada. Estoy por preguntarle si se apartan por la calle alguna vez.

Tengo ganas de que suba la temperatura y pasear por el campo. Me gusta más.



Procedencia de la imagen:

https://www.elcorreo.com/motor/dgt/dgt-aviso-como-deben-caminar-peatones-ninos-por-ciudad-20220307163237-nt.html


lunes, 27 de febrero de 2023

HABLAR

Estaba dando vueltas a un poema de Enrique Badosa, de su libro Mapa de Grecia, en el que se habla de la necesidad del diálogo, de seguir hablando. Las alterativas son un horror.

No me refiero al diálogo entre países, cuya ausencia desemboca en todas las formas posibles de hostilidad. O del diálogo entre partidos políticos, cuya alternativa es la demagogia y las mentiras de parte.

Yo estaba pensando en que hay personas con las que da gusto hablar y otras con las que es imposible.

Entre estas hay muchas variantes. Están las que son -creen- el ombligo del mundo, las del yo, yo, yo y después yo, las que tienen una vida interesantísima y solo saben hablar de sí mismas, de lo que hacen, de lo que tienen, de lo que ven y leen, de sus amigos, de sus vacaciones, de su familia… Insufribles por plastas: al cabo de cinco minutos hay que huir.

Son igualmente insufribles las que practican el machoalfismo sabeloto: lo saben todo de todo y solo te escuchan para machacarte con sus sentencias rocosas. Parece que hablan contigo, pero no: en su versión más generosa te conceden el privilegio de haberte encontrado con ellos. Siempre flotan por encima de la plebe.

También son detestables las que hablan y hablan y hablan a velocidades endiabladas y sin pausas, no vaya a ser que aproveches para hablar tú. Eso sí que no. Creo que, en el fondo, es temor al otro, necesitan ocupar el discurso para no quedar en evidencia. En todo caso, mal.

No me gustan tampoco las que nunca dicen nada, escuchan, no se posicionan jamás, parece que no tienen sustancia, van como veletas en la conversación… Confieso que alguna vez soy de estos mudos, pero es por no entrar en disputa con las variantes anteriores.

Casi todos los que he nombrado son los del yatelodigoyo, loqueyotediga, hazmecasoamí, yoestoybieninformadonocomotú y similares.

Por supuesto, están las de la banalidad full time, estas más que brasas son aburridas hasta la extenuación. Necesitarían mirar al otro y ver que no le interesa nada, que no precisan tantos detalles, que ya se lo han contado mil veces, que están fantaseando sobre un detalle, que eso puede ser importante para quien habla, pero no para los demás…

En definitiva, cierta simetría siempre es necesaria. Dicho de un modo más académico, hay que reconocer al otro como interlocutor válido, la relación ha de ser lo más horizontal posible, dar al otro la posibilidad de expresarse, de ser escuchado y atendido. Hay que hacer altos en el propio discurso, preguntar, interesarse, aceptar que no tenemos razón o no toda la razón, que nuestros intereses no son universales, que no somos el centro del mundo.

¿Hay buenos conversadores? Por supuesto, tal vez debieran ser una especie protegida; en cualquier caso, hay que protegerlos y arrimarnos a su compañía, conocimiento y bonhomía. Y procurar ser como ellos.

 

domingo, 12 de febrero de 2023

‘SIN MUERTOS’

Los que trasteáis por aquí sabéis que me gusta la novela negra. Ya he dedicado algún post a Lorenzo Silva y a Henning Mankell.  No creo que sea patrimonio de un país ni de un autor. En España, el propio Silva ha inventado esa pareja de picoletos que hacen las delicias de sus lectores, Vila y Chamorro. También me gusta mucho Francisco García Pavón, cuyo investigador es Plinio, jefe de la policía municipal de Tomelloso; es una pena que no se conozca más. Y qué decir del recientemente fallecido Domingo Villar, que nos ha dejado unos pocos -muy pocos- libros de su detective gallego. Gran pérdida.

También me gusta mucho Alicia Giménez Bartlett. Leí hace pocos años un par de libros suyos. La inspectora Petra Delicado y su ayudante, el subinspector Fermín Garzón, son una pareja sensacional, cada cual de una generación, de unos valores y visiones de la vida casi opuestos, pero ambos dispuestos a aprender del otro y a acudir como policías a cubrir las carencias de la vida corriente en tantos casos en los que la maldad, el resentimiento, los celos o el simple afán de poseer y dominar acaban en delito.

Hace un par de semanas saqué de la biblioteca Sin muertos. Yo pensé que era un caso más de la inspectora, ideal para un par de viajes en tren que tenía muy próximos. Pero me equivoqué. Es Petra Delicado, ya en su tercer y plácido matrimonio, la que escapa una semana a un monasterio gallego y allí reflexiona por escrito sobre su vida. Porque eso es: una autobiografía de un personaje de ficción de cuyo pasado teníamos noticias dispersas y que aquí reconstruye. Empieza por su familia, sus hermanas y padres, y sigue con su vida universitaria en los estertores del franquismo, sus novios, matrimonios, dudas, errores, decisiones valientes… Como en tantas novelas, casi lo de menos es la trama. Al igual que me ocurre con Silva, lo que más me interesa es la Petra Delicado que reflexiona sobre el amor, la dependencia, el sentido de la vida, la libertad…

No sé la razón por la que la autora lo tituló así, aunque no sea lo más importante.

Desde luego, si a alguien le interesan las opiniones de este humilde bloguero, leedlo. Este y a su autora.



Procedencia de la imagen:

https://www.casadellibro.com/libro-sin-muertos/9788423358212/11667753

jueves, 19 de enero de 2023

NOMBRES CASI OLVIDADOS



Subí hace unos días del trastero una caja con exámenes antiguos de Bachillerato, de los cursos 2004/05 y 2005/06. Como en ellos hay nombres de alumnos y eso de la privacidad para mí es importante, los he ido troceando en pequeños fragmentos para que no pudieran ser identificados y luego tirarlos al contenedor de papel.

Han aparecido nombres que mi cerebro tenía tatuados y otros olvidados, así como aquellos que he podido recuperar con poco esfuerzo. He visto un examen de un estudiante al que puse un 3 y luego ha aparecido otro, el curso siguiente, con un 9. Eras un tipo friki, M., de los que en clase estabas con la antena puesta, original, amante del conocimiento. No sé qué pudo pasar para ese 3. También he encontrado los tu amigo A., constante, trabajador, educado… Hace poco le vi en un coro importante, todo un señor. Claro. Han pasado casi 18 años, todos ellos deben tener unos treinta y cuatro.

Los hermanos R. han salido a menudo, ambos inteligentes, ella con mucho desparpajo, él muy reservado. Les habrá ido bien, pero quién sabe, ojalá.

A N. y a sus amigas T. y V. no sé qué tal les habrá tratado la vida. Desde el principio mostraron una actitud de obstrucción y malas artes; eran de las que intentaban hacer trampas, como fingirse enfermas el día del examen. Veo que N. aprobó al final, no sus amigas, que me deben odiar desde entonces, pese a que en sus últimos exámenes no hay nada escrito bajo su nombre. Ojalá hayan encontrado el camino; no por haberme dado tantos problemas les deseo mal alguno.

Me gustaba mucho la actitud de L. y de su amiga N. Eran jóvenes muy alegres, siempre con la sonrisa en la boca. No sobresalientes, pero muy trabajadoras y honradas, de las que no te fulminaban con odio cuando les decías que algo no estaba bien. Nadie es perfecto, hay que dejarse corregir. Veo sus ochos a final de curso. Sus caras se han difuminado un poco en mi memoria, no sé si las reconocería.

P., que llegó dos años antes a España, tuvo dificultades en la ESO, pero no tiró la toalla: hay algún 4… y un 6 al final. Otro de esos casos en los que el tesón vence y el profesor se alegra. Hay seises más importantes que ochos o nueves. Depende, cada circunstancia es distinta. Hace unos años hablé de una alumna a la que solo le habían quedado dos asignaturas (la mía y otra), venía de otra provincia y, tiempo atrás, de otro país centroeuropeo. No esperaba aprobar, pero superó las dos y se echó a llorar de alegría. Me dijo que cuando llegase a casa iba a abrazar a su madre, que tenían que trabajar las dos para mandar dinero a su país, que su padre había muerto y no habían podido ir al entierro porque no tenían para el avión. A mí también se me escaparon unas lágrimas.

Todos ellos habrán emprendido vidas plenas, algunos fuera de la ciudad en la que estudiaron, probablemente fuera del país. Quiero creer que les va bien. Me gustó ser su profesor, aun con los disgustos y sinsabores.

Cada curso son más de 200. Es imposible recordarlos a todos. Les pido perdón por ello.



Procedencia de la imagen:

https://www.marca.com/tiramillas/actualidad/2020/12/09/5fd0c922268e3e321d8b45e6.html


lunes, 9 de enero de 2023

600

El 8 de octubre de 2009 empecé este blog. Han pasado 13 años y 3 meses. En este tiempo mi vida ha cambiado mucho. 

Pero aquí lo que interesa es que he escrito 600 posts. No sé si son muchos o pocos, una media de uno cada ocho días. Al principio la frecuencia era mayor, en los últimos años ha decrecido, aunque en 2022 he remontado un poco. A ver si ahora que tengo más tiempo puedo darle más a la pluma; bueno, suelo escribir directamente en el ordenador, es que tengo muy mala letra y ni siquiera yo entiendo lo que escribo… No prometo nada, estoy metido en algún que otro proyecto literario, algo ya ha visto la luz y tengo más cosas en obras.

Miro hacia atrás y veo mucha gente que se ha quedado por el camino, casi todos porque sí, porque lo quisieron así, porque se cansaron, porque esto ya no era de su interés, por motivos que solo a ellos competen. En estos trece años y tres meses hay un amigo que nunca escribió nada, ni siquiera entraba casi nunca. Otro, otra, apenas siguió los primeros posts. No hay reproche, aunque sí algo de decepción, no saben lo importante que era y es para mí y lo que me cuesta. Porque escribir no es fácil.

En los tiempos más gloriosos los comentarios alcanzaban la treintena, ahora es raro que lleguen a diez. En esta sociedad del postureo y el like, yo me niego a que esto sea para gustar y para gustarme. Gracias a los que seguís, a los nuevos. También a los que estuvieron un tiempo, claro que sí. Y a los que van y vienen. 

Recuerdo vagamente alguna salida de tono, algún macho alfa marcando territorio y media docena de comentarios que solo querían vender algo o convencerme de la existencia de alguna divinidad. Por favor, no, eso no. Lo borro inmediatamente, no es este el objetivo de un blog, al menos no de este. 

Tengo un post escrito desde hace mucho. Se titula “Día de la madre” y lleva casi siete años archivado, justamente desde el primer día de la madre sin mi madre. No sé si alguna vez lo publicaré. A lo mejor el día que me decida a decir adiós al blog, que todavía no ha llegado, por si alguien se frotaba las manos. 

Hoy no doy más la paliza. Voy a ir al cine. Creo que el día es muy propicio para regalaros algo de música brasileña. Recuerdo siempre a Coeliquore (a la que Dios tenga en su gloria), que me decía que, cuando había enlace musical, era lo primero que veía. 

Estos 600 escritos coinciden con el primer post de 2023, año que os deseo venturoso, gozoso, prudente, viajero y bello. Gracias siempre a los que encontráis tiempo.