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jueves, 21 de mayo de 2026

AUSENCIAS Y PRESENCIAS

No recuerdo la última vez que sonó el teléfono fijo. Agoniza en casa, ni siquiera me doy cuenta cuando se ha agotado la pila. Tampoco el móvil tiene gran actividad: mensajería y poco más. Creo que hablamos más con la cajera del supermercado que entre nosotros.

La memoria de esos cacharros me dice que hubo amigos y conocidos a los que llamé, nos llamamos. Nos felicitábamos los cumpleaños, la Navidad y algún que otro éxito en la vida (también los fracasos, unos cuantos).

Yo era de los que felicitaba cumpleaños y hacía algún regalo. Lo malo es que no siempre era recíproco. Me preguntaban la fecha del mío, pero llegaba y nada, otro año que tampoco. Dejé de acordarme. En Nochebuena y Nochevieja lo mismo; por supuesto, devuelvo y me adelanto a esos que tienen a bien desearme lo mejor, aunque sean frases hechas, nunca está de más. Pero ya llevo un par de años esperando que sean ellos los que tomen la iniciativa... y no.

Soy invisible, supongo. Tampoco debo lamentarme, es la vida y las relaciones van y vienen. Eso sí, por mí que no quede.

Creo que solo he hecho ghosting una vez. A una examiga que me invitó a su boda pija con número de cuenta en el clásico tarjetón. Era un sitio muy lejano y, entre regalo, viaje, alojamiento, me salía por 1000 € la broma. Excusé mi presencia y le expliqué que no podía hacer frente a ese gasto (o sí, pero me parecía muy excesivo). Me envió un audio muy desagradable: ·“creía que éramos amigos”, “he escrito en tu blog” (una vez), “no me has felicitado en mi último cumpleaños” (ella nunca), etc. Justo me llegó cuando tenía abierta la página de mi banco para hacerle una transferencia. Obviamente, no la hice ni respondí. Y hasta hoy, no la echo de menos.

A otros sí. A los que se fueron discretamente y a los que arrastraron en su portazo a quienes yo creía más cercanos. Hay que aceptarlo. Pero echo de menos sus llamadas sin urgencia, su inteligente conversación y la intimidad que compartían conmigo.

A otros no. La salida de mi vida me ha dado paz. Con el tiempo uno constata que solo pensaban en sí mismos, que conmigo se ahorraban el psicoterapeuta y que jamás se interesaron por mis cuitas. Mucho menos por eso que yo escribía, aquí y fuera. Está bien, todo bien ahora.

También recuerdo a alguien que se ha ido a vivir lejos, con quien mantengo poco contacto, pero sé de esa persona sabia y buena.

Maldito teléfono, que día. Me voy a nadar.



Procedencia de la imagen:

https://www.flaticon.es/icono-gratis/telefono-movil_3715415


4 comentarios:

  1. ¡Hola! lo de la reciprocidad en las amistades (incluso entre la propia familia), todo un tema.... Yo siempre era (era y no es) también la que llamaba, la que estaba pendiente, la que regalaba, hasta que abrí los ojos, supongo que la edad, la experiencia, me llevó a abrirlos y ahora solo mantengo las amistades en las que las atenciones y cuidados van y vienen por los dos lados, por eso he perdido a gente que yo creía imprescindible pero que en realidad, después te das cuenta de que no lo eran, apena, pero es lo que hay. Como tú dices, es la vida, se quedan algunos por el camino pero también aparecen otros nuevos maravillosos que sí te demuestran que de verdad les importas, eso es lo que merece la pena en la vida, que las cosas fluyan en las dos direcciones. Al final nos quedamos con los que ciertamente quieren estar a nuestro lado en este viaje, pocos, pero suficientes. Con esas personas sí que hablo y me mantengo en contacto permanente
    El teléfono fijo..., pues ahí está también años que no suena y que olvido que está, hasta olvidé el número
    En fin..., que ellos se lo pierden
    ¡Besos!

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  2. Algunas ausencias duelen y, entre ellas, muy especialmente unas pocas. Otras algo menos, el tiempo va curando y sanando. Mi estoicismo ayuda (estoicismo de verdad, no el de autoayuda low cost). No obstante, sí que vuelven de cuando en cuando esos ratos que parecían eternos con personas que parecían próximas para siempre. La lealtad es un valor menguante y la soberbia su antídoto. A mí me quedan pocos, tal vez es mi misantropía en aumento. Ya me lo dijo una de esas que van por la vida apabullando: te vas a quedar solo; afortunadamente, me he quedado sin ella, lo que no es poco, uno no está para que le den lecciones morales quienes más carecen de moral.

    Releo el post y veo que es oscuro y que transpira resentimiento. Y no quiero. Así que el próximo será más alegre y vivaracho. O no, quién sabe. De momento, voy a leer un poco el último de Uclés, que me está gustando. Y luego al cine. Besos.

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  3. El teléfono fijo, cómo me costó darlo de baja. Algún año lo mantuve sin necesidad. Es el que asociaba a las llamadas serenas sin prisas, con el que hablaba de verdad. Ahora , con el móvil, es difícil mantener aquellas largas conversaciones, pero alguna hay. Un abrazo.

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  4. Creo que hago una llamada al mes con el fijo. Y porque iba en el pack que contraté.

    Conversar es un lujo menguante. También por aquí. Un abrazo.

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