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viernes, 3 de diciembre de 2010

CINE INDEPENDIENTE

Queda muy bien eso de ver cine de autor en el cine-club, las pelis en versión original subtitulada, lo indie. Pero, a riesgo de que se me abalancen las hordas de puretas, voy a decir lo que pienso de verdad: estoy hasta los mismísimos de que me tomen la cabellera, de que se confunda independiente con malo y de que a cualquier experimento se le llame película.

Ancho me he quedado.

El año pasado vi La teta asustada. Dicen que era una buena película peruana; llegó a estar nominada a los Oscar, pero yo sólo vi una historia plana de desgracias contada por una actriz tan expresiva como una pared de ladrillo caravista. Eso sí, estaba financiada por la Generalitat catalana, será porque hablaban a veces en quechua, que es una lengua tan humillada y minoritzada como el catalán. Algunos, a la salida, ponían la típica cara de progre solidario que se topa con un producto genuino de la problemática indígena, fruto del capitalismo imperialista, bla, bla, bla. También vi Gerry, una ¿historia? en la que dos tipos se pierden en el desierto y se llaman gerry (algo así como capullo o gilipollas, según creo) el uno al otro mientras caminan y la cámara les acompaña en sus devaneos de metafísica ramplona y peripatética. Eso: patético y peripatético. Este año, una sobre (supuestamente) Bob Dylan, I`m not here, que soporté estoicamente durante una hora. Después me dijeron que era una película poliédrica. Es decir, a cachos, incomprensible, sin estructura, como sin montar o deconstruida. En otra, Canino, una tipa se destroza los dientes, otro liquida a un gato a machetazos y el chico se beneficia a la segurata mientras a ésta lo único que le gusta es que la hermanas del individuo le laman salva sea la parte. Apasionante como se ve. También vi una japonesa en la que, durante la primera media hora, la familia se cuenta banalidades mientras come.

Sí, ya sé, tengo una vena masoquista. Es posible. Lo cierto es que muy de vez en cuando aparece la joya. Y por eso voy. De esas pelis maravillosas hablaré otro día. Lo que quería decir hoy es que conviene restaurar el valor de los adjetivos, dejar de impostar la voz y comenzar a hablar verazmente: hay películas que son basura (basura independiente, eso sí). De paso, también hay que comenzar a decir que Woody Allen se dedica últimamente a filmar simplezas y poner la mano; y debemos dejar de mirar con admiración lo que no es admirable.

Casablanca fue un encargo, su director un artesano y la película pertenece a un gran estudio. Seguro que alguno de esos individuos tan cultos anteriormente citados no iría a verla bajo ningún concepto, pero se apuntaría rápidamente a la última sandez del finlandés de turno que rueda con actores coreanos y paquistaníes sobre el concepto de zen absoluto e incontaminado en la selva amazónica. Por supuesto, en versión original en esloveno con subtítulos en georgiano.

jueves, 25 de noviembre de 2010

PERDER EL NORTE (Y EL SUR Y EL ESTE Y EL OESTE)

Las dos Coreas se lían: los mesiánicos del norte bombardean a los laboriosos del sur sin que sepamos muy bien por qué; y nos aterra su poder nuclear y su liderazgo tan falso como peligroso. En Irlanda no se van a tener que apretar el cinturón, sino darle un par de vueltas; y nadie sabe pedir responsabilidades directas mientras el gobierno (ése, también el nuestro, y el griego, y tantos) ponen cara de gilipollas: no ha habido más remedio, lo hacemos por el bien de todos, bla, bla, bla. Huelga general en Portugal, rebelión estudiantil en Londres.

Menos mal que a Ana Mª Matute le dan el Cervantes.

Pero para las cadenas de televisión es muy importante, mucho más que las anteriores, que Rouco Varela ya tiene su camiseta de la selección española de fúlbol.

Vaya por Dios.

lunes, 15 de noviembre de 2010

RENOIR Y ALREDEDORES

Renoir, retratos, paisajes. Alrededor, muchas mujeres hermosas, más aún, lienzos de luz. Su aroma va configurando y envolviendo las pinturas. “La celebración de la eterna belleza femenina”, dice la hermenéutica de uno de los cuadros. Una mujer magrebí vagabundea y se detiene ante los retratos. Va sin maquillar, con un pañuelo del que se escapan unos mechones que en ese instante me parecen deliciosamente pecaminosos. Salgo de la brevísima exposición, no me interesa demasiado, y me encuentro con Ribera y una joven postexistencialista; sentada, consulta una PDA mientras, a su lado, espera una guía del Museo del Prado. Va de negro, boina parisina ladeada, rubia. Su rostro es más intelectual que hermoso, que también, que por eso es bello. Camino de la salida entro en una de las salas de Velázquez: se me inunda la nariz de Carolina Herrera for Her. Recorro la estancia y busco a su propietaria natural, pero me desoriento tras un aroma conocido, usurpado ahora. Las Meninas se burlan de mí, ese cuadro que me fascina y no sé si me gusta, tan extraño tratado de ontología que siempre me recuerda la caverna de Platón con sus luces y sombras, son sus engañados y engañadores, con la verdad tal vez al fondo o bien oculta y custodiada por el propio Velázquez que ya no es él sino su sombra. Una madre de no más de 35 años explica a tres hijas de escaparate los secretos del cuadro; la pequeña la mira a ella, con arrobo y confianza. Sigo, La fragua de Vulcano, más caverna de Platón, trampantojo del genio. Pasa una joven, otra, no saben que las miro ni que me interesan más aún que esa pintura contemplada mil veces. Les preguntaría si encuentran lo mismo que yo y por qué han venido; no lo haré. En el pasillo, nuevamente la postexistencialista, descanso en el banco y se sienta a mi lado a leer el libro. Lleva ropa de marca, cutis transparente y unos tacones desconcertantes. Huele a gel de baño y tiene los ojos tristes.

martes, 9 de noviembre de 2010

PALABRAS


Hay palabras como cristales de celofán, palabras de tosca madera, palabras que nunca han sido escuchadas pese a que alguien las pensó para otra piel.

Inventar, seducir al lenguaje y hacerlo cómplice de nuestros latidos, es algo que no está al alcance de un humano. Babel fue el peor de los castigos; también el mejor obsequio.

jueves, 4 de noviembre de 2010

SMS


Los pasos arrastran el transcurrir del humo

y pasan las horas como barcos cansados.

El invierno se conjura contra la luz.


Ahora debo limpiar mis gafas, recoger las palabras:

las nuevas, las distantes.

miércoles, 27 de octubre de 2010

VOCEROS


A veces, antes de comer, hago un repaso por las distintas cadenas de televisión. En alguna ocasión he visto los últimos minutos de un programa de Tele 5 llamado (creo) “De buena ley”. En los últimos días he contemplado a una mujer pelearse con su madre allí porque había llevado a su hijo -su nieto- al psicólogo sin su consentimiento; también a una joven de unos 20 años que discutía con su madre porque ésta la controlaba demasiado. Graves delitos que perturban la paz ciudadana, sin duda.

El juez escucha a las partes y se retira a deliberar. Mientras tanto… comienza el espectáculo. El público opina sin sonrojo ni prudencia, se levanta de repente, se grita, se insulta, se descalifica a los que allí van, no sé si de buena fe: “Eres una mala madre”, “Lo que has hecho no es un error, es un acto malvado”, “Demuestras ser una mala persona y muy poco hombre”… Y todo esto a voces, con la vena hinchada y el colmillo retorcido, señalando amenazadoramente con el dedo, diciendo esto de “Te voy a decir una cosa”, “No te equivoques” y demás contundentes frases que aparentemente proporcionan seguridad y prestancia al emisor.

Me dan miedo. Me da miedo el programa: es pornografía, y de la peor, indecente exhibicionismo, exaltación de la ocurrencia más radical en lugar de la reflexión sosegada.

Al final del programa, regresa el juez, llega la ley y el sentido común. Callan los voceros. De momento.

De los 30 minutos que dura el programa, me sobran 25.

Comienzo a comer unas patatas guisadas. Mientras Zapatero cambia gozosamente su gobierno yo estoy dando vueltas a lo que acabo de ver. Y me pregunto cómo es que los magistrados se prestan a ese espectáculo de turbas, cómo es que las personas (humanas) somos capaces de tanta miseria, de tanta apología de la ignorancia enfebrecida.

¿O todo esto es una campaña de promoción de la lectura?