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jueves, 27 de diciembre de 2012

ESTRÉS DE NAVIDAD


La últimas tres semanas de diciembre me resultan estresantes, no consigo liberarme de esta sensación. Trabajamos a contrarreloj diez o doce días y, cuando terminamos, llega el estrés de Navidad. De Guatemala a Guatepeor.

Primero el sonsonete de la lotería, con ese aroma a No-Do y a país pobre, y a gente a la que se obsequia con un dinero extra mientras los demás (unos cuantos cientos de miles) siguen en paro. Por supuesto, no me ha tocado ni la pedrea, ni siquiera una mísera devolución.

Inmediatamente después, las últimas compras para las comidas redundantes. Porque siempre se te olvida algo. Y ves que no eres el único; es más, que unos cuantos centenares de personas se agolpan en la cola del pescado, con lo que echas la tarde. Lo peor es que se agolpan también en los pasillos, se ponen a hablar con los carritos atravesados, dejan las cestas como trampas en las que vas tropezando y maldices en varios idiomas. Cuando estás en la caja para pagar, tres horas después, una ancianita te pide que la dejes pasar porque sólo lleva… Mejor lo dejamos.

Mientras haces la cena para muchas personas te llegan multitud de mensajes. La mayoría los agradezco; otros son de una cursilería insoportable, pero también los agradezco, aunque hayan sido enviados a todos los contactos, entre los que parezco encontrarme. Algunos te los mandan personas a las que no soporto, pero me obligo a ser educado. Algunos con los que sí me gustaría intercambiar unas palabras no dan señales de vida; como soy de trato áspero en estas fechas, espero que den ellos el primer paso, pero a última hora les mando yo un mensaje. Hay quien no me contesta, me duele, pienso que será por algún motivo.

Llega la cena de Nochebuena. Excesiva, pesada. La sigue una mala digestión, demasiado vino. Me levanto regular y me pongo con un desayuno habitual (el café no me cae bien) y pienso en la comida mientras intento que la cocina recobre su aspecto diario. Imposible. En cuatro horas otra vez comilona, sin solución de continuidad. Y en Nochevieja/Año Nuevo lo mismo. Qué absurdo.

Mientras me ducho pienso en los libros que tengo a medias. Todas las Navidades me asalta una obsesión ridícula por cerrar balances. Y constato entonces que tengo varios libros sin terminar. Me espera Construyendo Babel, que tengo en el bidé; conozco al autor (Hilario Rodríguez): es una biografía bibliográfica; aún no sé si me gusta. Debajo está La torre herida por el rayo, muy arrabalera (o sea, de Fernando Arrabal). Y, más abajo, Eichmann y el Holocausto, de Hannah Arendt, que no me está llegando, a lo mejor porque me cabrea esa colección de textos incompletos de clásicos del pensamiento, que ha publicado con mal criterio Taurus. También tengo casi a punto un cómic de Corto Maltés, que leo sin excesivo entusiasmo. En el Kindle voy por el 76% de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Murakami (al que le sobran ¿páginas?), y que no me dará tiempo a terminar, porque por todas las noche me abalanzo sobre el mejor libro de este año, Libertad, de Jonathan Franzen, un tocho de 667 páginas, recién concluido, tras devorarlo con la pasión de un adicto (merece un post). Si acabase todos ellos, este año habría leído 43 libros, dos menos que en 2011. Me hago mayor. O leo libros más gordos.

Me esperan, para dar la bienvenida al 2013, Las correcciones, del mismo Franzen, Los enamoramientos, de Javier Marías, y un libro de Alejandro Gándara, Falso movimiento, del que hablaba muy bien Hilario Rodríguez en el suyo, del que sólo me queda el epílogo.

Cuando se vaya la familia tengo que lavar sábanas y toallas. Tampoco debo olvidar mover las camas y mirar detrás y debajo, siempre se dejan algo, recorrer en silencio la casa por fin limpia y ordenada (varias horas de trabajo) y sonreír bobaliconamente. Uf.

Porque apetece volver a la normalidad, poner coladas con frecuencia no diaria, recoger las pelusas cotidianas y hacer la lista de la compra con cosas corrientes como cebollas, patatas o el papel higiénico (nunca el de oferta, en eso no hay que ahorrar).

Y las horas del día me permitirán leer despaciosamente con la calefacción a la temperatura que me gusta mientras veo que la luna crece hasta reventar.

Es poco tiempo, enseguida llega el tren rápido de fin de año, las compras de Reyes que ni he pensado aún. El centro comercial abre los domingos, pero no pienso ir (cuestión de principios).

Dos días, apenas. Sólo dos. Qué estrés.


PD: La última foto es del blog: http://javiercoria.blogspot.com.es/2012/09/lugares-para-leer.html. Hay otras fotos preciosas que os gustarán.


13 comentarios:

  1. Pues sí, quedan dos días y... además de lo que cuentas, a mí, personalmente, me queda mucho trabajo de otro tipo que terminar. ¡Estoy hasta arriba! Me gusta el contraste entre la primera imagen y la segunda. ¡Qué sea leve lo que queda!

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    1. Últimamente es lo único bueno que tiene ser profesor: que puedes desconectar más tiempo que un fin de semana. Todas las ventajas que antes tenía se han evaporado (como lágrimas en la lluvia... ácida).

      Voy a ser malo: así tienes una excusa para huir de las Navidades y de la legión de cuñados, amigos de amigos de amigos y fastos pirotécnicos.

      A mí me también me gusta ese contraste: entre el ser y el querer ser...

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  2. Joerrr..., vaya testamento.

    De acuerdo contigo en muchas cosas, sobre todo en lo de no ahorrar en cosa de papel higiénico, favor, el cucu macucu es lugar sacro, territorio comanche y si no patrimonio de la humanidad, cuidadín, sí parque natural al que se debe respeto y buen trato.

    Malgretú et inespaitof, a mí me gusta la Navidad.

    Oyessshh..., ¿te has fijao qué pulsera más chula lleva la churri?

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    1. ¿Testamento? Esto es el proemio. Mañana el post desarrollado.

      Lo primero en lo que me fijé: la pulsera. Y que lee, claro. Que lee con pulsera. De hecho yo sólo salgo con mujeres que leen y llevan pulsera. Como la que acontece.

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  3. ¡¡Feliz Navidad Atticus y pronto desetrés!!! Me lo paso genial leyendo tus post y con este particularmente coincido en casi todo (el sonsonete de la lotería me gusta, no sé porqué, pero me produce una nostalgia agradable)
    Yo también tengo que hacer balance de lo leído en 2012.
    Besotes

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    1. También para ti. Hoy estoy ya en descompresión. Una buena sesión de chapa y pintura, acompañado de ropa recién planchada y un poco de sol en la calle mejoran casi todo.

      Me alegro de que te lo pases bien. ¿A ti no te parece testamentario? Reconozco que tengo tendencia a la desmesura. Yo no soy de los que añade, sino de los que tacha.

      Me voy a ver tu blog, que lo de Murakami (que me gusta en general) es como las mareas: va y viene.

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  4. Yo empezaré diciendo, que respecto a Libertad, de Jonathan Franzen, ya he puesto yo un post. Lo digo por si lo queréis comentar. Vuelvo a escribir mi dirección, si a Atticus no le importa: literaturaycosillas.blogspot.com.

    Lo de las navidades; a mí me gusta el colorido de las calles y las reuniones de familiares y amigos que no ves hace tiempo. Lo demás, este año en especial, me deprime bastante; pero bueno, sólo quedan unos días para que acabe este maldito año.

    Yo ya he hecho balance de mis lecturas porque no leo tanto, pero espero superarlo el año que viene, porque por desgracia tendré más tiempo para leer.

    Por cierto, tengo que leer a Murakami, que tanto hablas de él que es como si lo conociera.

    Saludos Atticus.

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    1. Para gustos hay colores. O luces. Esperemos que el próximo año sea mejor (peor es difícil, pero posible). A Murakami debes leerlo; a Franzen también.

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  5. Incluso olores y sabores.

    Feliz fin de año (no sé si la Navidad como tal ha terminado, y todavía procede felicitarla) y feliz 2013.

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    1. Cierto todo ello.

      Yo tampoco sé si hay que felicitar aún la Navidad, pero gracias en todo caso. Igualmente. Yo siento que estamos en unos días de vacaciones laicas, plácidas, amigables. Esperemos que el 13 sea de buen augurio; a mí es un número que me gusta.

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  6. Este año, por primera vez, no he hecho nada para las fiestas: me han invitado a todo. Mi casa, que siempre era estos días un trasiego constante, ha estado vacía con su dueña del tingo al tango. Todo llega...Así que de las navidades casi ni me he enterado :-)

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    1. Pues yo al contrario. Pero nunca es tanto como al principio parece. Eso sí, bendita lavadora y bendito lavaplatos.

      Oye, ¿qué es eso de "del tingo al tango"? No lo había oído en mi vida.

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  7. Jejeje...quiere decir "de aquí para allá", "sin parar ni un minuto". No sé si se trata de una expresión canaria o de Buenos Aires (por lo del tango, digo). :-)

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