Los que tienen hijos (también yo) saben que eso les ha cambiado la vida. Pues claro, porque mal andamos si no es así. Durante un par de décadas al menos el foco de atención está en ellos. Cada vez menos, como debe ser, pero al principio la vida se reduce a comidas, enfermedades, colegios y actividades extraescolares, sueño, horarios, límites (que cada vez van a llevar peor)... Todo lo anterior es obvio. Lo malo es cuando cogen por banda a los que no tienen hijos (no pueden o no quieren) y les dan la lata horas y horas una vez tras otra en el improbable caso de que acepten quedar alguna vez. A ver, se resume en esto: les ha cambiado la vida. Pero los demás no necesitan que les detallen el amor infinito que sienten hacia ellos, la alimentación que les dan o sus proyectos para la descendencia. O sea, un resumen y ya. Por favor, un resumen, que hay más temas en el mundo.
Pongo este ejemplo, pero hay muchísimos. Conozco a alguno a quien el yoga le ha cambiado la vida. Otro (siempre podría poner también el femenino) que ha descubierto la homeopatía, la alimentación natural, una ONG, la religión (la que sea) o los libros de Paulo Coelho. Que bien, que vale, que os deseo lo mejor y que disfrutéis de vuestra nueva vida. Eso sí, a mí me vais dejando en paz, que con los doce apóstoles ya he tenido bastante y no necesito que me convenzan de las bondades de nada. No seáis soberbios, que la verdad o la felicidad no son propiedad vuestra.
Estos tipos, además, tienen la mala costumbre de ser impermeables al interlocutor, al que ven o bien como un espejo para escucharse o como un ser descarriado al que hay que encauzar debidamente. Porque si a ellos les ha cambiado la vida (¡y a mejor!) lo suyo es compartir la buena nueva y convencer al descreído.
Hace poco le decía a un amigo que yo me sentía conversacionalmente muy solo. Porque casi no tengo a nadie con quien hablar de filosofía, de poesía, de cine iraní y esas aficiones que tengo. Lo que no hago es coger por el brazo al primer incauto y decir que la Crítica de la razón pura me cambió la vida, o que Aleixandre y Kiarostami me cambiaron la vida. Si alguna vez lo intento, siempre tienen prisa por limpiar la casa o deben acudir a una cita urgente con el urólogo. Oye, lo entiendo. Seguramente soy algo más pelmazo de lo que estoy dispuesto a reconocer y tampoco soy un prodigio de sociabilidad. Ya me he resignado a compartir conmigo mismo las películas que veo, los libros que leo y las chorraditas que escribo. Yo es que no tengo la suerte de esos a los que de repente, como la caída del caballo de San Pablo, han encontrado ese momento crucial que les cambió la vida.
De hecho, creo que lo único que me va a cambiar radicalmente la vida es morirme. Y prisa no tengo...
https://www.youtube.com/watch?v=tJC9I1cqN3U
Procedencia de la imagen:
https://lapsicologiasindivan.wordpress.com/2016/12/13/quiero-cambiar-mi-vida-como-lo-hago/

Coincido contigo en que hay gente muy pesada. No nos damos cuenta, pero alguna vez en nuestra vida hemos sido personas monotema. Lo que peor llevo es que intenten convecerte de que lo suyo es mejor; mejor ¿para quién ? o ¿para qué?
ResponderEliminarCon pocas personas puedo pasar horas hablando de literatura, de medio ambiente o de plantas naturales ( sobre este tema tengo muy poca gente con la que hablar).
No sé, quizá, será porque ahora socializo menos, pero noto que la gente va mucho a su bola; a veces, ni siquiera escuchan.