Esta es una frase que pronuncian en Alemania cuando pides la cuenta (Bezahlen, bitte!). Es la disyuntiva entre pagar juntos o por separado. Lo normal suele ser que cada cual abone lo que ha consumido, que redondee y santas pascuas.
Aquí no está tan claro. Es más que frecuente que sea alguien el pagano (normalmente el que invita es el del cumpleaños, el más rumboso, el que quiere quedar bien...). Pero cuando se va en grupo de iguales (amigos, compañeros de trabajo...) la cosa varía. Veamos algunos casos.
Cena de compañeros de curro. Se pide a voluntad, se comparte o cada cual lo que le apetece: unos solomillo, otros una ensalada. Hay quien solicita agua y otros una botella de buen vino. Unos toman café y postre, incluso copa, mientras que hay quien ya ha tenido bastante. Llega la cuenta: nueve personas, 360 €. Es fácil: 40 a escote. Ya, pero es que quien ha pedido una ensalada y una botella de agua ha consumido 13 €, al contrario que los del dispendio en carnes caras y vinos aún más caros, incluso con escocés al final; su factura particular sería de 68. Y, claro, a escote, a subvencionar el desmadre.
Algunos protestan y los más callan. Creo que los primeros tienen razón. Es más, debería salir de los que han comido y bebido el triple, no deberían consentir que los otros paguen sus caprichos. Lo normal no es. La primera vez que lo vi estaba terminando mis estudios y carecía de ingresos: cena colectiva, solo uno trabajaba, pedimos bocadillos y una cerveza, pero un individuo, el novio de una de las compañeras, ya curraba: pidió una sepia, ración de bravas, dos cervezas y postre. Por supuesto, a escote. Le salió barata la cena a costa de los pobres.
Pocos años después volví a verlo. Cena de profesores. Se pide para beber vino refrescante rosado, 5 € la botella. El catedrático de Matemáticas pide un vino de 30 €, que beben él y los de alrededor, y luego otra. Ya no me apunté a ninguna cena en la que estuviese ese ser que, decía él, “no bebía jarabes”.
Hay personas a las que da vergüenza decir que solo van a pagar lo que coman y eso les cuesta caro. Hay personas con alergias, vegetarianas, abstemias, lo que sea, que no tienen por qué subvencionar los deseos de las demás. Y deben decirlo. Es más, debe salir de los consumidores de mayor rango. Y, si no, tomemos ejemplo de los alemanes: juntos no, mejor por separado. O comer de menú: ahí todos lo mismo, zusammen.
Leí hace unos meses la queja de una trabajadora que se quejaba de eso cuando salían a cenar los compañeros de la empresa. Dos usuarios le respondieron que, si no se atrevía a decir que ella pagaba lo que comía (le dirían de todo), esperase a ver qué pedía el personal y, según lo que fuera,solicitase marisco del mejor. Y, tras el café, el whisky más caro. Cuando alguno de los gorrones se mosquease podría repetir los mantras que antes le decían: somos compañeros, tampoco te vas a arruinar, si vamos juntos pagamos juntos, qué más da unos euros más o menos, no seáis roñosos...
O sea, getrennt.
Procedencia de las imágenes:
https://www.youtube.com/watch?v=hB6TdrSf4ck
https://www.elnacional.cat/es/cultura/es-justo-dividir-cuesta-cena-amigos-partes-iguales_529206_102.html


¡Hola! buen planteamiento de un hecho que todos hemos pensado o sufrido mas de una vez. Yo no suelo tener comidas con gente que no sea de mi familia o amigos muy íntimos (con los que siempre vamos a medias y cada cual paga lo suyo excepto cuando a alguien le apetece invitar a los demás), hace años que tampoco tengo comidas ni cenas de curro, cosa que agradezco enormemente.
ResponderEliminarVaya con el individuo ese que “no bebía jarabes”, tremendo, no me extraña que decidieras no apuntarte más si él iba. La verdad es que la gente, algunos tiene mucha cara...
¡Besos!
Buenos días.
ResponderEliminarPues sí, esto es bastante habitual y lo he visto a menudo. Tampoco quiero parecer un Tío Gilito con el tema, hay ocasiones en las que todos comen de todo y beben de todo; en ese caso procede pagar a medias, la diferencia es ridícula, pero en los otros casos es una situación de abuso, no sé si siempre inadvertida. Me contaba una compañera de profesión que, en un congreso de filosofía, acabaron yendo a cenar con uno de los ponentes; este pidió marisco y vino de precio alto, tras lo cual exigió pagar a escote, la ensalada le salió a mi amiga cuatro veces más cara de lo que ponía en la carta, pero que guay el tipo que iba de ácrata...
Yo sí voy de cuando en cuando a una de esas comidas, pocas. Normalmente de menú, cualquier otra cosa genera problemas. Y, por supuesto, cuando hay alguien que no gana dinero o muy poco o bien procede invitale o paga solo lo suyo.
Lo del bebedor de vinos caros (ahora lo recuerdo: era Viña Tondonia, estoy viendo que la botella más barata en bodega está en 30 €) era de juzgado de guardia porque más de la mitad éramos interinos, que entonces cobrábamos el 80 % del sueldo. Muy mal.
Besos dominicales.