La entrada
al museo del Prado cuesta 15 €. No es barato, desde luego, aunque hay muchas
reducciones por edad y condición y es gratis a partir de las 18 h. De todos
modos… ¿es caro? Todo depende de lo que te den. Una película cuesta casi 10 y
una obra de teatro a partir de 12-15. Una película es un clon, El jardín de las delicias algo único.
¿Es caro?
Un plato de
pasta en un restaurante de postín me costó 24 € (sensacional, he de decirlo);
la botella de agua de un litro 4,20 y, además, el coperto: 1 €. Esto fue lo
que me pareció más caro, la pasta lo que menos. El coperto no tiene justificación ni amparo legal (ya hablé de ello en
otro post); el agua tampoco: han multiplicado por 7 su precio de supermercado y
únicamente requiere frío. La elaboración de un plato es otra cosa, aquí hay que
pagar personal y conocimientos para su elaboración.
¿Es caro?
Un libro en
papel me cuesta 20 €. Miro cuál es su precio en formato digital: 15 €,
carísimo. Todas las copias que queramos sin necesidad de gastar papel,
distribución, librerías. Es más caro en digital que en papel, aunque cueste
menos.
Los
teléfonos móviles se suicidan a los
dos años, raramente a los tres. Por lo tanto, son un dispendio sin demasiada
justificación. Es hora de que los responsables de gobernar obliguen a los
fabricantes a hacerlos más duraderos. O, simplemente, que no los fabriquen para
tirarlos al poco tiempo. Muy caros.
Muy caras
son también las tarifas de telefonía. Especialmente si tenemos en cuenta que
cambian unilateralmente los precios y que estamos indefensos. Un contrato es un
acuerdo entre iguales que obliga a ambos…, menos en este sector, en el que una
de las partes se salta impunemente los acuerdos firmados y considera sin rubor
que lo que ha entregado “para siempre” no era para siempre. No debieron aprobar
la Lengua castellana en la ESO. La última vez que subieron mi tarifa hice amago
de marcharme. Me llamaron de inmediato, cada vez que yo decía algo me bajaban
el precio. Así hasta los 31 €, 17 menos que mi tarifa. Dicho de otro modo, me
estaban tomando el pelo. Pero mucho. Porque supongo que a 31 siguen ganando
dinero, son una empresa con legítimo ánimo de lucro. Ya se terminó el acuerdo:
24 € más, by the face y sin
explicación.
Todos los
domingos me voy a un pub irlandés que hay en la ciudad en la que vivo. Estoy
una o dos horas. La media pinta cuesta 3,5-4 €. Hay música en directo y nos
ponen una tapa. Qué barato, un regalo.
Una vez al
mes me reúno con compañeros y excompañeros de trabajo (por lo tanto, amigos).
Comemos. Menú y alguna cerveza de más. Total: 12-14 €. Estamos dos o tres
horas; es fácil calcular a cuánto nos sale la hora de felicidad: muy barato.
Esto viene a
cuento de la discusión sobre el valor y el precio de la cosa cultural. Yo no soy
partidario del gratis total, lo que no significa que sea un masoca al que le
gusta aflojar la cartera.
En el
inconsciente del personal está grabado que lo que tiene un alto precio tiene un
gran valor. Y al revés. Y no es lo mismo, como sabe cualquiera. Vuelvo a lo de
antes: un autor al que no le pagan lo que hace acaba por no producir o por
destilar basura. Por el contrario, los grandes imponen tarifa. Ya sabemos que
no es lo mismo un concierto de los Rolling Stones que la verbena del pueblo
(con mis respetos a todo trabajo honrado). Tampoco es lo mismo Borges que cualquier
juntaletras que se autopublica. Un conferenciante tiene, como los cantantes, un
caché y un agente. A mí no me iría a escuchar ni mi familia más cercana. El
ibérico no sólo cuesta más que el chopped, es que es mejor. Hay ejemplos para
aburrir.
La educación
básica es obligatoria. Pero no gratis, cuesta y mucho, y hay que informar a la
gente que eso viene de los impuestos, de su dinero. Debe ser gratuita. No
entiendo, sin embargo, que se financie con dinero público la diversión, las
peñas, los conciertos, los toros o cualquier otra actividad no imprescindible, que
deben pagar sus usuarios.
Me gusta el
jazz. Hace una semana fui a un concierto nocturno. El ayuntamiento decidió que
fuera gratis. Fui también la semana anterior y la gente entraba y salía, miraba
el móvil, hablaba… En invierno estuve en un ciclo precisamente de jazz: 15 €
cada una de las sesiones. Lleno siempre. El sábado pasado dije a los amigos con
los que fui que yo cobraría entrada: a mí me gusta y no sé por qué tienen que
pagarme la entrada mis conciudadanos, del mismo modo que yo no quiero pagar los
toros o la borrachería de las peñas (financiadas en parte por el ayuntamiento y
a las que no se les conoce actividades especialmente culturales).
El dinero
público hay que tratarlo con mimo. No estoy diciendo que financiar actividades
sea malversación de fondos públicos, pero sí que hay que tener un criterio muy
claro: que no falte un euro para lo imprescindible y que lo otro se lo pague
cada usuario. Es una variante de un clásico en filosofía moral: la justicia se
exige, a la felicidad se invita. Se invita a pagar, quiero decir.
https://www.youtube.com/watch?v=8xgIBrsDR1g&list=RD8xgIBrsDR1g&index=1
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