Me gusta el jazz, no especialmente el pop ni el rock. Naturalmente,
la clásica y algunas arias de ópera, aunque algunas óperas enteras se me hacen
intragables. También disfruto con esas músicas extrañas: Mertens, Nyman,
Vitale…
Hoy es el Día de la Música y estoy recordando que hace muchísimos
años estaba en París con la que entonces era mi pareja. La entrada a conciertos
y al ballet era gratis y las colas kilométricas, así que disfrutamos de la
ciudad. En Les Halles una joven orquesta interpretaba a Mozart. En el Centre
Pompidou un grupo de rockeros japoneses animaban al personal (a mí más bien
poco). Fuimos andando hacia la Place des Vosges y una voz maravillosa nos iba diciendo
que nos acercásemos más. Parecía una mujer interpretando ópera. Pero era un
hombre, hoy sé que un contratenor. Su aspecto era andrajoso, ropa viejísima y
un sombrero de cuero. Su voz… Qué pena ser tan ignorante y no recordar lo que
cantaba. El silencio a su alrededor era sepulcral, todos nos rendimos ante
aquel alarde.
Es una de las cosas que más recuerdo de aquel viaje a París.
No sé si es la causa, pero me gusta mucho escuchar a Philippe
Jaroussky y a Jakuv Józef Orlinski.
Nada más por hoy, disfrutad a menudo de la música. Tal vez,
sin ella, la vida sea un horror. O un error.

