Hoy me he echado la siesta en la cama,
con voluntad de pijama, padrenuestro y orinal. La noche pasada dormí
profundamente, pero poco. Necesitaba más después de tres horas de monte difícil
(me gusta salir a por setas), que me dejaron muy cansado.
Apenas he conseguido un plácido duermevela, pero ha merecido la pena. Mientras vegetaba entre las sábanas ha pasado el camión de la basura. Tengo los contenedores bajo mi ventana, así que me entero bien. Siempre me parece que tiene un sonido de cetáceo resoplando. Y, en ese estado somnoliento, he recordado las semanas del confinamiento. Tenía entonces el sueño ligero y el camión pasaba siempre sobre la una de la madrugada. Esos días pensé que mucha gente seguía haciendo su trabajo en condiciones muy difíciles, cuando todo era incierto. Nos cuidaban los sanitarios, los supermercados estaban abiertos porque había productores y transportistas, por la noche se seguía recogiendo la basura, etc.
Creo que, como sociedad, somos poco agradecidos. Los médicos lo saben mejor que nadie: mucho aplauso y luego les desmantelan la atención primaria y no les dan tiempo ni recursos.
De todo esto me acordaba mientras
escuchaba el sonido familiar del camión de la basura. Debemos dar más
importancia a esas cosas, a lo importante.
Procedencia de la imagen:
https://www.istockphoto.com/es/fotos/cami%C3%B3n-de-la-basura


