Vistas de página en total

jueves, 25 de noviembre de 2010

PERDER EL NORTE (Y EL SUR Y EL ESTE Y EL OESTE)

Las dos Coreas se lían: los mesiánicos del norte bombardean a los laboriosos del sur sin que sepamos muy bien por qué; y nos aterra su poder nuclear y su liderazgo tan falso como peligroso. En Irlanda no se van a tener que apretar el cinturón, sino darle un par de vueltas; y nadie sabe pedir responsabilidades directas mientras el gobierno (ése, también el nuestro, y el griego, y tantos) ponen cara de gilipollas: no ha habido más remedio, lo hacemos por el bien de todos, bla, bla, bla. Huelga general en Portugal, rebelión estudiantil en Londres.

Menos mal que a Ana Mª Matute le dan el Cervantes.

Pero para las cadenas de televisión es muy importante, mucho más que las anteriores, que Rouco Varela ya tiene su camiseta de la selección española de fúlbol.

Vaya por Dios.

lunes, 15 de noviembre de 2010

RENOIR Y ALREDEDORES

Renoir, retratos, paisajes. Alrededor, muchas mujeres hermosas, más aún, lienzos de luz. Su aroma va configurando y envolviendo las pinturas. “La celebración de la eterna belleza femenina”, dice la hermenéutica de uno de los cuadros. Una mujer magrebí vagabundea y se detiene ante los retratos. Va sin maquillar, con un pañuelo del que se escapan unos mechones que en ese instante me parecen deliciosamente pecaminosos. Salgo de la brevísima exposición, no me interesa demasiado, y me encuentro con Ribera y una joven postexistencialista; sentada, consulta una PDA mientras, a su lado, espera una guía del Museo del Prado. Va de negro, boina parisina ladeada, rubia. Su rostro es más intelectual que hermoso, que también, que por eso es bello. Camino de la salida entro en una de las salas de Velázquez: se me inunda la nariz de Carolina Herrera for Her. Recorro la estancia y busco a su propietaria natural, pero me desoriento tras un aroma conocido, usurpado ahora. Las Meninas se burlan de mí, ese cuadro que me fascina y no sé si me gusta, tan extraño tratado de ontología que siempre me recuerda la caverna de Platón con sus luces y sombras, son sus engañados y engañadores, con la verdad tal vez al fondo o bien oculta y custodiada por el propio Velázquez que ya no es él sino su sombra. Una madre de no más de 35 años explica a tres hijas de escaparate los secretos del cuadro; la pequeña la mira a ella, con arrobo y confianza. Sigo, La fragua de Vulcano, más caverna de Platón, trampantojo del genio. Pasa una joven, otra, no saben que las miro ni que me interesan más aún que esa pintura contemplada mil veces. Les preguntaría si encuentran lo mismo que yo y por qué han venido; no lo haré. En el pasillo, nuevamente la postexistencialista, descanso en el banco y se sienta a mi lado a leer el libro. Lleva ropa de marca, cutis transparente y unos tacones desconcertantes. Huele a gel de baño y tiene los ojos tristes.

martes, 9 de noviembre de 2010

PALABRAS


Hay palabras como cristales de celofán, palabras de tosca madera, palabras que nunca han sido escuchadas pese a que alguien las pensó para otra piel.

Inventar, seducir al lenguaje y hacerlo cómplice de nuestros latidos, es algo que no está al alcance de un humano. Babel fue el peor de los castigos; también el mejor obsequio.

jueves, 4 de noviembre de 2010

SMS


Los pasos arrastran el transcurrir del humo

y pasan las horas como barcos cansados.

El invierno se conjura contra la luz.


Ahora debo limpiar mis gafas, recoger las palabras:

las nuevas, las distantes.

miércoles, 27 de octubre de 2010

VOCEROS


A veces, antes de comer, hago un repaso por las distintas cadenas de televisión. En alguna ocasión he visto los últimos minutos de un programa de Tele 5 llamado (creo) “De buena ley”. En los últimos días he contemplado a una mujer pelearse con su madre allí porque había llevado a su hijo -su nieto- al psicólogo sin su consentimiento; también a una joven de unos 20 años que discutía con su madre porque ésta la controlaba demasiado. Graves delitos que perturban la paz ciudadana, sin duda.

El juez escucha a las partes y se retira a deliberar. Mientras tanto… comienza el espectáculo. El público opina sin sonrojo ni prudencia, se levanta de repente, se grita, se insulta, se descalifica a los que allí van, no sé si de buena fe: “Eres una mala madre”, “Lo que has hecho no es un error, es un acto malvado”, “Demuestras ser una mala persona y muy poco hombre”… Y todo esto a voces, con la vena hinchada y el colmillo retorcido, señalando amenazadoramente con el dedo, diciendo esto de “Te voy a decir una cosa”, “No te equivoques” y demás contundentes frases que aparentemente proporcionan seguridad y prestancia al emisor.

Me dan miedo. Me da miedo el programa: es pornografía, y de la peor, indecente exhibicionismo, exaltación de la ocurrencia más radical en lugar de la reflexión sosegada.

Al final del programa, regresa el juez, llega la ley y el sentido común. Callan los voceros. De momento.

De los 30 minutos que dura el programa, me sobran 25.

Comienzo a comer unas patatas guisadas. Mientras Zapatero cambia gozosamente su gobierno yo estoy dando vueltas a lo que acabo de ver. Y me pregunto cómo es que los magistrados se prestan a ese espectáculo de turbas, cómo es que las personas (humanas) somos capaces de tanta miseria, de tanta apología de la ignorancia enfebrecida.

¿O todo esto es una campaña de promoción de la lectura?

lunes, 18 de octubre de 2010

GRADAS

Por razones largas de explicar, estoy viendo un partido de balonmano femenino. Las chicas deben tener en torno a los 16 años. Juegan bien, son rápidas y fuertes, se empujan, se miran con fiereza. Una de ellas cae al suelo y se aprieta las costillas con gesto de dolor. La parte derecha de las gradas ruge, aúlla, se levanta de un salto e increpa a los árbitros y a las jugadoras contrarias. Insulta gravemente. La jugadora que ha caído es cambiada y se sienta en el banquillo apretándose el costado. La causante del dolor va hacia ella y le dice algo durante unos segundos, le pasa la mano por el hombro izquierdo. Hay ternura y verdad en ese gesto. Algunos espectadores aplauden, no muchos entre los familiares de la dolorida jugadora.

Ellas entienden lo que es el deporte, la diferencia entre un contrincante y un enemigo. Pero a mi alrededor hay algunos padres enloquecidos, demasiados, de los que siempre parecen estar a punto de echar espuma por la boca. Incluyo madres, paritariamente. Veo en ellos una confusión peligrosa entre la competición y la guerra, entre el juego y la agresión pandillera. Demasiado sentimiento de pertenencia a lugares absurdos que nadie hubiera elegido en el mapa bajo un velo de ignorancia. Lo siento por las chicas, que merecen padres con ideas más claras.

Antes de que el partido termine me fijo en los gesticulantes entrenadores. Son la clave, son los profesores del deporte: no sólo han de saber entrenar ciertas habilidades deportivas, sino a saber estar, a ser. Son la clave en este peligroso juego de metáforas.